Cuando los energúmenos se apropian del dolor ajeno

Durante la marcha para reclamar justicia por la muerte de Lucía Pérez un grupo de manifestantes provocó destrozos en la Escribanía Offidani, propiedad del padre de uno de los imputados. 

Nada que pertenezca a la órbita de lo privado puede ser divulgado por la prensa sin la autorización de los protagonistas. O así debería ser.

Si ello no fuese así, no son pocos los que en Mar del Plata podrían contar entretelones de la historia familiar de Juan Offidani -el hombre de 41 años que está detenido por el brutal homicidio- la sociedad tomaría nota de la insalvable injusticia que representa señalar, dañar o insultar a su padre, titular de la escribanía atacada en estas horas, que asumió hace ya muchos años esa paternidad desde un gesto de amor de esos que tienen singular valor y califican a las personas.

Nada desde entonces fue fácil para el pobre hombre.

La escribanía Offidani sufrió un escrache por parte de un grupo de manifestantes que asistieron a la marcha para reclamar justicia por Lucía Pérez, la adolescente violada y asesinada en la ciudad.

El lugar recibió pintadas con aerosol en las que podían observarse frases como “asesino” o “a donde vayas te vamos a buscar”, entre otras.

Testigos de la manifestación aseguraron que cuando los familiares de Lucía se enteraron de este “escrache”, inmediatamente solicitaron que termine la marcha.

En medio del dolor supieron dar una lección a quienes irreflexivamente comenzaban a parecerse demasiado a los violentos que dicen criticar.

Un riesgo que jamás debemos correr.