Cuarentena: El peor momento para tomar la mejor decisión

Por Adrián FreijoLos números negativos crecen día a día, casi al mismo tiempo que la impaciencia de quienes piden poder trabajar. El poder político se enfrenta a una encrucijada vital.

 

¿Cómo se le dice a los comerciantes, agobiados por el peso de la crisis, que debe ponerse un freno momentáneo a las aperturas y endurecer la cuarentena?.

¿Tal vez recordándoles que para ser cliente una persona tiene que estar viva?…

¿Qué cuánto más se extienda la crisis sanitaria serán más los que dejen de lado toda posibilidad de consumir y por lo tanto más difícil la recuperación?…

¿Qué pese a todos los esfuerzos no hay un solo lugar en el mundo en el que el virus haya sido derrotado y que cuando se pensó haberlo logrado y se abrieron las puertas del encierro todo se convirtió en un desastre?…

¿Se les muestra la foto de las calles llenas, los bares llenos, la costa repleta de gente, que ya se ha convertido en un clásico de la ciudad?…

Claro que es entendible la desesperación, la angustia ante el riesgo de perderlo todo, la impaciencia para volver a trabajar y dar trabajo. Si hasta debemos tener paciencia frente al enojo, a la presión constante sobre las autoridades y una incipiente actitud de negar lo evidente para apurar las aperturas. Es gente que invirtió, apostó por este país y esta ciudad y hoy ve cercano el momento de decir, como tantos otros en las últimas décadas, «al final hubiese sido mejor irme o poner la plata en el mercado financiero». 

La decepción, en definitiva, es un estado de ánimo que la realidad ha incorporado a nuestras vidas como una segunda piel.

Pero ocurre que los números no mienten, los contagios crecen, la disciplina social no es la mejor -y ante cada bar atiborrado, negocio saturado o lugar de un encuentro clandestino hay un comerciante y varios ciudadanos detrás- y hoy Mar del Plata supera día a día los números de la tragedia.

Y quien gobierna se encuentra ante la gran disyuntiva: avanzar en la flexibilización y acallar las voces críticas o mirar la información sanitaria y resolver lo que puede convertirse en un verdadero drama.

Y a eso se le llama gobernar…

Con números en baja es bueno atender a los economistas, empresarios y representantes de los trabajadores. Con el crecimiento de las estadísticas negativas se torna imperioso escuchar la voz de los sanitaristas que, aún a ciegas ante un virus del que se desconoce más de lo que se sabe, son quienes están en mejores condiciones para mirar, evaluar y proyectar.

Es el peor momento, nadie lo duda; y porque dicen que cada crisis supone una oportunidad, sería bueno que el intendente la aproveche para dejar en claro que, ante cualquier interés en pugna, hay uno que se corta solo y en primer lugar: el derecho de la sociedad a vivir.

Recibirá insultos, anatemas y tendrá que resistir enojos. Pero…¿alguien le dijo alguna vez que ser el responsable político de miles de personas sería una tarea fácil?.

Bueno…ahora lo planteamos, y ojalá en unos meses estemos vivos para agradecerlo.