CUATRO HORAS

A las 20.00 hs. los nueve puntos de diferencia entre Macri y Scioli dejaban a éste y a Cristina sin futuro. Pero el cierre del comicio, con menos de tres puntos de diferencia, crea otro escenario

Tan solo cuatro horas sirvieron para variar la lectura de un comicio que parecía marcar duramente un cambio de época y el final del tiempo político del derrotado gobernador bonaerense y de la propia Cristina. Porque aunque la Presidente haya hecho todo lo posible para la derrota del ex motonauta –buscando quedar ella como un agente determinante dentro del golpeado PJ– una diferencia que por esa hora llegaba a los 8/9 puntos era un golpe mortal para las aspiraciones del kirchnerismo.

Marcaba un cambio demasiado profundo como para no entender que la sociedad, en su inmensa mayoría, estaba harta de la etapa que culminaba.

Scioli por su parte era no solo el mariscal de la derrota sino también el padre de una verdadera catástrofe peronista.

Pero a las doce de la noche todo era distinto. Con poco, muy poco, Scioli había ganado en la provincia de Buenos Aires y la derrota nacional se había acotado a menos de tres puntos.

Y eso mostraba un escenario distinto.

Cristina, aún golpeada y sin posibilidad alguna de imponer sus caprichos, pasó a ser la cabeza visible de una administración en retirada que tras doce años de gestión sigue contando con diferentes grados de apoyo de la mitad de la población.

Y Scioli, aún derrotado, realizó una elección que se equipara a muchas buenas que ha hecho el peronismo desde el retorno a la democracia.

Podrán discutirse aristas de lo que afirmamos, pero no podrá negarse que lejos están ambos de ser cadáveres políticos.

Claro que ahora su futuro dependerá de una interna que amenaza con ser -como todas las del justicialismo- de una crueldad tal que seguramente mantendrá ocupados a sus protagonistas por lo menos los próximos dos años. Pero tienen, aún acotado, un futuro que no se vislumbraba cuando todo parecía indicar una victoria amplia de Cambiemos.

Dependerá ahora de la velocidad y la inteligencia con la que Macri ocupe el centro de la escena, la chance que tenga el nuevo presidente de escapar a esa maquinaria de impedir y generar caos que puede ser el peronismo -en todas sus ramas- cuando olfatea la posibilidad de volver al poder.

Y para ello es imprescindible que las elecciones de medio tiempo que se dirimirán en 2017 marque una consolidación fuerte de su liderazgo. Lo que surgirá de los aciertos de su gobierno y también de la capacidad de consolidar una alianza que, con el radicalismo adentro, siempre correrá riesgo de implosión.

Cuatro horas, tan solo cuatro horas que marcaron un escenario tan cambiante y frágil como lo es la realidad de los argentinos.