Daniel y Ermindo Onega: el fútbol y los goles del River de Cesarini

Por José Luis Ponsico (*)Desde el 66, 67 y 68 River los tuvo como compañeros de ataque en el ciclo subcampeón de Racing´ 66, de Peñarol de Montevideo, Copa Libertadores, el mismo año.

 

José Luis Ponsico

En 1965 Renato Cesarini, DT. de River, avisó a Daniel Germán Onega (19 años) que sería titular en Copa Libertadores del 66, tras venta de Luis Artime, notable goleador ex Atlanta, luego River, 1960-65, a Independiente. Atacante punta-punta, Daniel ya pintaba como promesa en la Tercera.

 

 Ermindo Angel Onega se había recuperado del terrible golpe contra Colo Colo, en Chile, enero -cabezazo del defensor Montalva- que produjo conmoción cerebral y pérdida de líquido raquídeo. Quedó nocaut en el Estadio Nacional de Santiago y debió ser retirado en camilla al Centro Neurológico de la capital chilena.

Así, desde el 66, 67 y 68 River los tuvo como compañeros de ataque en el ciclo subcampeón de Racing´ 66, de Peñarol de Montevideo, Copa Libertadores, el mismo año. Subcampeones Nacional´68, finales polémicas que ganó Vélez Sarsfield en el «Viejo Gasómetro», empate uno a uno e histórica mano penal de Luis Gallo.

Daniel y Ermindo Onega: goles y fútbol para un River con mucho fútbol y pocos títulos

El «Ronco» Onega, gran año en el 64, 15 goles en River, figura en la selección que sobre el final de la temporada hizo ocho goles a Paraguay, algo sin antecedentes. Estadio Monumental, cuatro goles de Artime, dos de Ermindo que participó en seis de los ocho. Antes, junio la consagración en Copa de las Nacional, San Pablo, Brasil.

Para quienes no vieron jugar a los hermanos Onega, mundo riverplatense hoy pletórico con ciclo de Marcelo Gallardo -el «Muñeco» con parte del talento del gran Ermindo; juego conceptual, pegada, pausa, pique corto- van algunos detalles de los hermanos. Estilos distintos, dos notables.

Ambos lograron, distintos momentos, cien goles con la tradicional camiseta de la «banda roja». La «millonaria» que vistió Ermindo por primera vez en el 57 cuando llegó con 17 de Las Parejas, Santa Fe. Allí fue a buscarlo Renato Cesarini, ante insistente llamado de su amigo, el «Gordo» Pezzuti, mueblero de Rosario.

Una de las delanteras de River: Más, Ermindo, Delem, Fernández y Cubillas

«Renato tengo para River un pibe con perfil derecho puede ser el sucesor de Enrique Omar Sívori. Al que fuiste a buscar a San Nicolás, en el´ 53 y al año ya «crack» en la Primera de River. Se llama Ermindo Onega, habilidoso, rápido, cabeza levantada. Un «10» clásico. Maneja los dos perfiles. Gran pibe, además», dijo el amigo.

Onega 1.75 estatura debutó el mismo año reemplazando a Angel Labruna, 39 años lesionado, contra San Lorenzo a fines del 57. River venía de dar otra vuelta olímpica en el Monumental contra Independiente, cayó goleado 5 a 1. Ermindo con la número 10 resultó integrante del último campeón previo a la «malaria» de 18 años.

El padre de ambos, don Raúl Onega decidió trasladarse a la Capital Federal. Los Onega se instalaron en Villa Urquiza. Allá, en la rica región santafesina tenía un comercio de almacén, ramos generales. Daniel Germán viajó con 12 años y la secreta ilusión de jugar en River, como su hermano mayor.

Ermindo entre 1958 y 1960 con Norberto Menéndez como conductor del ataque riverplatense tuvo destellos de gran delantero. En el 58 integró un Juvenil que jugó en Chile -lugar signado por la desgracia para Ermindo- junto a Norberto Raffo, Luis Maidana, entre otros recordados. En el 60 llegó a la selección Mayor.

Ermindo en la Copa de las naciones: figura en el histórico 3-0 ante Brasil

River adquirió cinco atacantes extranjeros en el 61, no obstante en la primera fecha de ese año, Ermindo -goleada a Lanús 5 a 2- convirtió cuatro goles. Su mejor registro como delantero y goleador. Curiosamente, un sector de la platea en el 62 lo tildó de «lagunero» y perdió el puesto con el brasileño «Delem» (Vladem Lázaro Ruiz).

Entre el 63 y el 64 el popular «Ronco» Onega recuperó su mejor nivel. Deslumbró en la selección contra Brasil, Estadio Pacaembú, San Pablo, cuando Argentina superó al célebre «scracht» con «Pelé», «Julinho», «Pepe», adelante. Y «Gilmar» en el arco. Todos bicampeones mundiales, Suecia 58 y Chile´62.

Cuando don Antonio Liberti decidió contratar a Renato Cesarini en el 65, uno de los técnicos artífices de «La Máquina» en el 41 -el otro, Carlos Peucelle- Daniel Onega ya estaba en los planes como sucesor de Luis Artime. El goleador de la Tercera, rubio, inteligente, práctico en el área.

Renato innovó enseguida. Quería un medio campo de juego rápido y utilizó a dos delanteros, lo que actualmente se catalogan «media puntas» Juan Carlos Sarnari y Jorge Raúl Solari, como mediocampistas ofensivos. Un 4-2-4 sin rebusques. En el juego de ataque, River atacaba con seis futbolistas dotados.

En el mundial de Inglaterra 66 fue reconocido como un crack mundial

Así, River tuvo una serie de varios triunfos en el 65 en la pugna con Boca, siempre mejor parado en defensa, donde del medio para adelante dependía del talento de un maduro «Beto» Menéndez, curiosamente tres veces campeón con River, 1955, 56 y 57. Liberti, su personalismo, había dejado ir a Menéndez a Huracán en el 61.

Menéndez y Alberto Mario González, «Gonzalito», decisivos en un Boca campeón en el 62, 64 y 65, el último de atropellada cuando River se cayó al final. Una trampa del destino: el gol decisivo en «La Bombonera», ganaba el «millonario» uno a cero con golazo de Luis Artime, al cabo 2 a 1, del «maldecido» «Beto» Menéndez, de zurda.

En 1966 Liberti adquirió a Juan Carlos Guzmán de Independiente -parte del pase de Luis Artime al «Rojo»- a Daniel Bayo, el 5 de Gimnasia y Esgrima de gran temporada en el 62, luego postrado por algunas lesiones; al zurdo Abel Vieytes y finalmente el ascenso de Daniel Germán Onega, de la mano de Renato.

El impacto de ganarle a Boca primero en el Monumental por la Copa Libertadores, goles de Daniel Onega y Daniel Bayo, luego en abril en La Bombonera por 3 a 1, tras once años de frustraciones -River había ganado en la mítica cancha de la Ribera por última vez, el 8 de diciembre del 55- cambió el humor del hincha «millonario».

Gol de Daniel en un 1-1 con Boca en 1970

Ermindo talentoso, a veces frío, sutil, gran estampa de «crack». Virtual constructor de «caños» o «túneles» con la sagacidad del «picante» y jugador cerebral. Pegada con ambos perfiles. Aquel zurdazo contra Paraguay en la eliminatoria del 65, desde afuera del área. Un dotado.

Daniel, la «muletilla» del «jorobado» como Angel Labruna, la misma estatura aunque se lo veía encorvado. Inteligente, gran visión del área y cálculo para definir. En el 71 en su apogeo el gol a Rubén Sánchez, arquero de Boca, en «El Cilindro» de Racing, elevó estatura del talento de su hermano mayor. Otro de cien goles y 50 pases gol.

No fueron campeones pero integraron equipos que siempre tuvieron el ataque más goleador. Destinos del juego. El equipazo de Renato con Luis Cubilla, los Onega y Oscar Mas en el ataque, dejando en el banco de suplentes al peruano Miguel Loayza y al zurdo Juan Carlos Lallana pudo quedar en la historia grande.

Daniel de «9», Ermindo con la «10»: los hermanos llenaron a River de fútbol y goles

Para el final dos notables del periodismo de los 60 dejaron su huella. Dante Panzeri en «El Día» de La Plata, finales del 68, escribió: «Ermindo talento puro. Lagunero en algunos pasajes del juego. Un dotado. Su hermano Daniel, inteligente, con espíritu de lucha. Los dos con gol y pases gol. Si tuviera que elegir, estaría en duda», pontificó

Julio César Pasquato «Juvenal» en «El Gráfico», Mundial de Inglaterra 1966, pintó a Ermindo Onega, «el gran delantero argentino» admirado por todos los protagonistas, propios y adversarios, no siempre idolatrado en River por supuesta falta de lucha cuando su equipo no tiene la pelota».

Panzeri y «Juvenal» estuvieron siempre en veredas opuestas. O casi siempre. El segundo para argumentar las vicisitudes de Ermindo Onega, al que admiraba, citó entre otros testimonios a dos relevantes figuras del Mundial´66. Al capitán Ubaldo Rattín y al «maldito» Nobby Stiles del Manchester United y la selección inglesa.

«Ermindo en «Copa de las Naciones» y Birmingham con nosotros estuvo encendido. El mejor jugador argentino. Se lo critica por frío en River. Bueno con nosotros se entibia y la rompe siempre. Un «crack», dijo el caudillo de Boca capitán en su equipo y en la selección del 66.

» ¿El mejor jugador de ustedes, me pregunta? el «ciego» -jugaba con lentes de contacto, «maldecido» Nobby Stiles, por juego brusco, a veces mal intencionado. La respuesta al redactor de El Gráfico: «Si, claro me gusta mucho Oniiiga, el 10» dijo. River, entre ambos 200 goles, cien pases gol, a Artime y «Pinino» Mas.

Onega, un apellido, dos notables de otros tiempos. Cuando River como ahora con Marcelo Gallardo, jugaba a ganar, en cualquier cancha y no se le daba. El destino se ensañó con el «Ronco» Onega en diciembre del 79. Aquel viaje a Rosario que culminó con el accidente cerca de Lima, provincia de Buenos Aires. Apenas tenía 40 años.

(*) Columnista de La Señal Medios, Libre Expresión y Mundo Amateur