Daño colateral: avanza el proceso opositor para destituír a Galli

Todos lo señalan como el gran responsable político de la tragedia. Sin embargo dudan en la conveniencia de entregar a la oposición un triunfo semejante. Faltaría solo un voto para la destitución.

«No tengo miedo de una destitución, si tengo que dar explicaciones las voy a dar, no tengo nada que esconder», señaló el jefe comunal en declaraciones radiales, y destacó que «la responsabilidad dentro predio es de la productora».

«Yo tengo la responsabilidad de la ciudad», se defendió el intendente, quien enfatizó que el municipio cobra solo «la tasa de espectáculo» y brindó una «contraprestación» relacionado a poner en condiciones el terreno donde se llevó a cabo el evento.

A esta altura, nada parece importar. Todo pasa por lo político. Los ediles opositores a Cambiemos ya mantienen reuniones, charlas y dejan entrever su disgusto, el cual, tranquilamente, podría traducirse en la destitución del alcalde macrista.

Dos tercios de los votos tiene que juntar la oposición para sacarse de encima a Galli, y calculadora en mano, sobre todo el eseverrismo -al menos así comentan allegados a la Comuna- realiza llamados de teléfono y organiza reuniones para las horas venideras.

De los veinte concejales que componen el cuerpo, apenas cinco responden al joven intendente, y se da por sobreentendido que ninguno de ellos le jugará en contra, pase lo que pase. Son Ernesto Cladera, Alejandro Gregorini, José Luis Arguiñena, Carolina Espinosa y Juan Ignacio Fal.

Si la cosa fuera oficialismo contra oposición, el cálculo sería sencillo: cinco contra quince, y por ende, Galli ya estaría virtualmente afuera. Catorce son las manos que el día de la votación, si es que existe la misma, tienen que levantarse en contra del alcalde para que este se despida del Ejecutivo de la peor manera.

¿Por ahora, hay alguna bancada a favor de la destitución? Al parecer, sí. Tanto el eseverrismo, o sea Olavarría para Todos, como el massismo, estarían pensando en destituir a Ezequiel Galli del cargo de intendente. De todos modos todavía no les alcanzarían los votos. Entre ambos sumarían nueve.

El eseverrismo, que vale destacar tiene la presidencia del cuerpo, cuenta con las manos de Eduardo Rodríguez (el presidente), Einar Iguerategui, Margarita Arregui, Julio Frías, Gerardo Ripoll y Liliana Rizzonelli. En tanto que los massistas son Emiliano Vitale y Marcelo Latorre.

También hay tres bloques ligados al kirchnerismo, en este caso representados por la titular del PJ, Adriana Capuano (PJ-FpV); el camporista Federico Aguilera (FpV) y el alfil de Luis D’Elia, Saul Bajamón (FpV-Miles). Los tres unibloques, contrarios furiosamente al macrismo, podrían bajarle el pulgar a Galli.

Solo quedan dos bancadas para el conteo. Una radical y la otra peronista. La primera, Radicales Convergentes, está compuesta Fernanda Araneo y Gabriela D´Elía y en algún momento jugó para el oficialismo.

La segunda, Renovación Peronista, está integrada Marisel Cides y Germán Aramburu y en la política lugareña dicen que puede llegar a hacer las veces de árbitro en esta disputa.

¿Por qué árbitros? Porque si los radicales convergentes decidieran votar por el sí a la destitución, el eseverrismo, el massismo y los tres unibloques kirchneristas juntarían entre todos unos trece sufragios. O sea, les faltaría solo uno para sacar al intendente y lograr el cometido.

“Si uno de los dos concejales de Renovación Peronista (o los dos) juega para la oposición, Galli está afuera; de lo contrario, si apoyan al jefe comunal, será imposible destituirlo”, señala un asesor del Concejo Deliberante, que se anima a agregar que todos y cada uno de los ediles está al tanto de la cuenta, de las “matemáticas destituyentes”.