De los talibanes, Al Qaeda, el Che Guevara, D’Onofrio, Angelici & Cía

Por Adrián FreijoHace mucho que la gente ha dejado de creer en los políticos; es así en el mundo entero. Solo las instituciones ofrecían alguna credibilidad, pero su implosión tuvo sus efectos.

¿Cómo puede ser que la gente idolatre a personajes como Osama Bin Laden, capaz de planear el asesinato de miles de personas indefensas para desafiar “al Gran Satán” de occidente?.

¿Qué extraña confusión hace que millones de personas alrededor del mundo simpaticen con movimientos extremistas, fundamentalismos de todo tipo, dictaduras desembozadas que en nombre de “la revolución” sojuzgan a sus ciudadanos y los atormentan hasta la muerte sumiéndolos además en la pobreza y el quiebre moral que representa depender de la dádiva estatal?.

¿Tiene alguna razón que una de las figuras más idolatradas del último siglo sea Ernesto “Che” Guevara, un ilusionista de las emancipaciones imposibles que tras su corto paso a sangre y fuego por el gobierno cubano -tiempo en el que ordenó más de dos mil muertes por fusilamiento- llevó su pretendida revolución a Angola y Bolivia arrastrando miles de vidas tras una utopía que se desangraba a cada paso y en la que el entusiasmo ocupó todo el territorio de la inteligencia?.

Y así podríamos seguir hasta el infinito, buscando una respuesta que parece no tener sustento en el sentido común. Aunque si nos detenemos un instante a meditar, observaremos que hay una lógica detrás del desmán conceptual.

Hace muchos siglos que los pueblos han dejado de creer en sus dirigentes. El descrédito de la monarquía dejó paso a la Revolución Francesa y el absolutismo napoleónico obligó a la democracia a depurarse en forma de instituciones de control.

Pero estas no tardaron mucho en ser coptadas por hombres venales que desde entonces y en todo lugar en el que se supone campea aquello de “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” se han convertido en instrumento de la corrupción, el nepotismo y el ansia de poder.

A veces en forma de unicato, a veces de casta, otras de corporación…y las más de un poco de cada cosa.

La seducción de los irregulares, la adhesión al Che, a Bin Laden, a Fidel Castro, a Lenín, a Hitler o a Mussolini encarna entonces la sorda rebelión de las personas, no ahora tan solo contra los dirigentes sino también contra las instituciones que les sirven de pretexto y tapadera.

Un caso menor acabamos de vivir en la últimas horas. La CONMEBOL jura a los cuatro vientos que su Tribunal de Disciplina es autónomo; sin embargo antes de que salga el fallo sobre la demanda presentada por Boca contra River la institución rectora fija el estadio Bernabeu de Madrid como sede del partido, el presidente del gobierno español comunica que su país “ya está trabajando en la organización de la seguridad” y Boca reserva 40 ubicaciones en un importante hotel de la capital española.

Después, solo después, sale el fallo que casualmente ordena que se juegue el cotejo. ¿Es independiente entonces el tribunal?, ¿no es un apéndice de la CONMEBOL como los tribunales de Comodoro Py lo son del poder de turno, los “bolivarianos” de la dictadura de Maduro, los de la alemania nazi de los mandatos de Hitler o Nüremberg de los ganadores de la Segunda Guerra?.

La soberbia de los poderosos -no importa el rango o la trascendencia de su actividad- los lleva siempre a perder el pudor de las formas y ponerse por encima de ellas y de las instituciones que las rigen. Necesitan avisar de su posición y hacer gala de su superioridad sobre el resto.

Un resto que comenzará a idolatrar a los falsos profetas del anti sistema y que, más tarde o más temprano, terminará arrasando con personas e instituciones de un orden que se ha vuelto viejo casi sin enterarse.

Cuidado…estamos cada vez más cerca de esa encrucijada y no podemos esperar que quienes dirigen al mundo se den cuenta.

Porque nunca se dieron cuenta…