Debate del presupuesto: incógnitas, certezas y desafíos a granel

Por Adrián Freijo Una jornada larga, tediosa, a espaldas del interés del ciudadano, y un presupuesto imposible de ejecutar y que da marco a la decadencia de una ciudad abandonada.

Hace tiempo que venimos insistiendo en que estamos todos frente a un cambio de época. Que la irrupción de internet en nuestras vidas supone un impacto comparable con la aparición de las religiones monoteístas, la imprenta de Gütemberg, la Revolución Industrial o la llegada de los medios masivos de comunicación.

Cada uno de esos hitos supuso el final de etapas que ya no volverían a aparecer en el horizonte. Y no es casual que también hayan terminado con formas establecidas de institucionalidad, dando paso a nuevas ideas, nuevas estructuras y nuevas formas de representación.

Con la globalización y el mundo digital ocurre algo similar. Desaparecen las fronteras reales, la comunicación deja de ser bidireccional para convertirse en multidireccional, la información ya no puede ser encapsulada y, sobre todo, la opinión del otro deja de ser algo que suponemos para tornar en un ida y vuelta que incluye el debate, el conocimiento y las tendencias.

¿Puede entonces ese mundo gobernarse con criterios e instituciones del siglo XVIII?. Claramente no…se necesita rediseñar los estados, el poder y los criterios de selección de los representantes.

El debate por el presupuesto en el Concejo Deliberante fue un claro ejemplo. Figuras anacrónicas como la de Mayores Contribuyentes, que ni siquiera representan a la actual composición, o kilométricos discursos que solo sirven para el lucimiento (¿¿¿???) personal de quienes gustan de escucharse a sí mismos, o para fijar ajadas posiciones personales o tal vez descargar enconos o especulaciones, puede ser interesante para los actores pero pasa desapercibido para el 99% de los ciudadanos que posiblemente ni conozcan lo que se discute ni el nombre de quienes lo hacen.

No tiene siquiera importancia el detenerse en si nuestros representantes ganan mucho o poco, trabajan intensamente o son solo protagonistas de un pomposo juego de formalidades y reglamentos, si están ahí al acecho de mejores destinos o cubriendo con el cargo la incapacidad de salir a la calle a ganarse la vida como cualquiera de los demás mortales. Ya no importa, aunque tal vez si lo fuese cuando era necesario comenzar la modernización y nadie tomó nota.

Que después de diez horas, bajo la sombra de la madrugada y con la ciudad vacía se haya votado un presupuesto incierto, lleno de carencias, desactualizado antes de ser discutido y garabateado hasta último momento, solo nos refiere a esta devastada  democracia argentina que solo ha conseguido empobrecernos, llenarnos de inseguridad y crear una nueva oligarquía que es la de los funcionarios y representantes que ganan cuatro o cinco veces más que el 90% de los ciudadanos.

Porque lo que ayer se discutía, y se aprobó, es como hacer que cada contribuyente siga perdiendo calidad de vida para sostener un estado municipal que no le sirve para nada…

Para tapar la ineficiencia y mala administración de quienes se miran para adentro y solo piensan en el bienestar de los miles que lo integran y comen de sus entrañas…

Pero que nada tiene que ver con las necesidades comunes de quien hoy despertó con aumentos de tasas que superan largamente el 100%. ¿Mejorará un 100% la eficiencia de los servicios que le prestan?….la respuesta es obvia.

Queda en la sabiduría de los que tienen vocación pública, de los partidos políticos y del propio estado darse cuenta de este “no va más” de la historia. Si se aferran a estos shows decadentes, a los que ni siquiera el público presta atención,  serán arrastrados por la ola imparable del nuevo tiempo.

Y esto les plantea un desafío de esos que marcan una generación: evitar la tentación de pensar que esto “tira un tiempo más” y que ellos están para beber las últimas gotas de un vino dulce para el que lo cata pero agrio para los muchos que miran desde el otro lado de un vidrio cada vez más opaco.

O ponerse a trabajar para generar nuevas instituciones, nuevas formas de representatividad y nuevos canales de participación directa de la gente. Es decir, una democracia para el siglo XXi.

La diferencia será el ser recordados con respeto o despreciados para siempre.

Lo que no es poco…