Debate: ¿se acuerda de Karadagián y la lucha australiana?

Por Adrián FreijoEn el mítico programa de catch del armenio este modo de lucha consistía en dos atletas que enfrentaban en pareja a otros tantos. Ayer algo de eso hubo.

Segundo debate, segundo round de una pelea en la que los protagonistas hacen de la prudencia una estrategia. Segunda ocasión en la que cada candidato busca ese delicado equilibrio entre no perder lo conseguido -cuando se trata del trío que compite por el premio mayor- y penetrar en la voluntad de los indecisos, los insatisfechos y los miles de marplatenses que han resuelto votar por «el que les disgusta menos» o para que no gane tal o cual propuesta.

Y por supuesto los que, sin chances reales de lograr el objetivo de llegar a la intendencia, van al encuentro soñando con un instante de inspiración que produzca ese imponderable que… jamás sucede.

Aunque ayer apareció en escena un nuevo elemento que no estuvo presente en el anterior encuentro: el tándem de dos candidatos trabajando en una estrategia conjunta contra uno o más de los oponentes dentro del debate.

Fue notorio que de aquel encuentro que intentó ser secreto entre el intendente Carlos Fernando Arroyo y Fernanda Raverta derivó un acuerdo que anoche no pudo ser disimulado.

Como en la lucha australiana de la vieja troupe de Karadagián, el papel del bueno y el malo fue desarrollado a la perfección por la novel pareja, quedando para Arroyo el de confrontar y para una impasible Raverta el de observar, responder generalidades que no la alejen de su decisión de jugar a suerte y verdad el papel de «la intendenta de Alberto y Axel» y flotar hacia el 27 a la espera de un efecto arrastre que la deposite en la costa del triunfo.

Claro que la buena educación y el equilibrio no han sido perfiles nítidos de la gestión arroyista. Exaltado  hasta el histerismo, con los conocidos problemas de construcción de frases coherentes y con una actitud postural descuidada y desprolija, el jefe comunal pisó reiteradamente el umbral de la grosería y se movió en ese mundo de fantasía plagado de datos falsos, medias verdades e ilusionismo que lo llevó de ser la gran esperanza en 2015 a este bochornoso 95% de marplatenses y batanenses que acaban de pedirle que se vuelva a su casa.

Enfrente, y sin saber que habían sido ubicados en este ring ficticio, Gustavo Pulti y Guillermo Montenegro.

El de Acción Marplatense como destinatario de los peores mandobles de Zorro Uno  ya que claramente es el rival que Raverta necesita sacar de la cancha para avanzar en su intentona. Mientras su candidatura tiende a amesetarse la del ex intendente, que sigue recogiendo apoyos dentro del peronismo y cuya boleta cortada se disponen a meter en la urna muchos dirigentes que suelen aparecer en la estampita junto a Fernanda con cara de «todos unidos triunfaremos», se coloca ya en el podio que completa el hombre de Macri y Vidal en General Pueyrredón.

Justamente el ex fiscal, ex juez, ex ministro, ex embajador, ex candidato en San Isidro e impenitente declarante de amor por esta ciudad, fue también blanco de los ajados embates del intendente aunque con menos virulencia de la dedicada a Pulti. Fue para él una noche tranquila en la que sin embargo no supo ver la estrategia que planteaban a dúo Arroyo y Raverta y mucho menos utilizar esa situación para llevar agua para su molino. Por el contrario hubo momentos en los que Montenegro pareció perdido, atado a un libreto aprendido de memoria y esperando en piloto automático el final del debate. ¿Le alcanzará?…tal vez, pero anoche sonó a poco.

Pulti tuvo nuevamente a su favor la experiencia de gestión y una capacidad de concentración e información que le permitió responder sólidamente y con datos algunas afirmaciones de Arroyo que buscaban descalificarlo y que terminaron dando la imagen de un intendente desencajado y poco apegado a la verdad.

Se paró en el centro de la escena más por esfuerzo ajeno que por propia voluntad; y aunque tal vez no haya sido su intención, los cruces terminaron dejando en evidencia el acuerdo Arroyo-Raverta citado anteriormente. Pulti, muy enfocado en lo suyo y tratando de nos ser arrastrado al conflicto que insistentemente le planteaba el intendente,  supo aprovechar esa centralidad para insistir en su estrategia de despertar en el votante el sentido de pertenencia local.

Los demás cumplieron su papel, que en democracia nunca es secundario y que sirve para que la gente conozca otros caminos y otras ideas.

Alejandro Martínez se paró en el lugar del ciudadano común y pese a algunos datos equivocados que Pulti le corrigió al aire, logró el objetivo de plantear preguntas que la calle se hace y la clase dirigente no suele responder con la solidez y habitualidad que es menester.

Santiago Bonifatti dio la sensación de utilizar las cámaras para un acercamiento con Raverta y que por momentos pareció excesivo, forzado…e innecesario. El tiempo dirá si fue solo una impresión u otra operación de un libro de pases que queda abierto todo el año. Igualmente el desempeño del ex presidente de Acción Marplatense y hoy convencido lavagnista tuvo la solidez virtual de su buen nivel de exposición.

Y Marisa Zizmond, debutante absoluta en estas lides, llega al comicio con una imagen de dignidad y un crecimiento que puede convertirla en el futuro en referente de un sector cuyas prioridades pasan más por la militancia anti aborto, la continuidad de la familia tradicional como eje social y la defensa de valores religiosos no siempre presentes en el debate político. Y mirando hacia el norte y observando el fenómeno Bolsonaro, tal vez no sería inteligente minimizar la influencia de esta opción en la vida nacional y local.

Párrafo aparte para la muy buena organización de Telefé Mar del Plata y la muy sobria conducción de Gabriela Azcoitía, Daniel Alvarez y Daniel Bertagno quienes mantuvieron el debate en los carriles adecuados con intervenciones justas, mesuradas y de mucho profesionalismo.

Una buena semana para los dos canales marplatenses que mostraron capacidad para organizar actividades complicadas como un debate de candidatos en la puerta misma de la elección y lograr que el acontecimiento sea ágil, interesante y completo.

Y  también para la democracia lugareña: a través de medios masivos decenas de miles de marplatenses pudieron escuchar a los postulantes, sus propuestas y observar sus caras y gestos para percibir en que caso estamos frente a una convicción y en cual otro ante una operación de márketing.

Y también, claro está, cuando resuelven abandonar la lucha en solitario y dedicarse en pareja a la vieja y divertida lucha australiana que hacía las delicias de toda una generación.