¿Derrota o debacle?: los líderes «K» fueron apaleados en sus distritos

Por Adrían FreijoLa derrota del Frente de Todos llega con un problema extra que puede disparar un tsunami en sus bases: sus principales líderes fueron castigados en sus propios territorios.

 

En la vida política hay dos clases de derrota: la coyuntural y la profunda. La primera puede revertirse con un cambio a tiempo y hasta por la incapacidad del adversario para aprovechar la oportunidad -algo que en la Argentina se vivió en 2019- y si bien sus motivos deben ser siempre muy analizados sus consecuencias pueden ser amortiguadas y hasta modificadas rápidamente.

El otro tipo de caída, la profunda, puede convertirse en irreversible aunque los derrotados comprendan rápidamente aquello que la disparó. Porque esconde hartazgos, decepciones y enojos que van más allá del «aquí y ahora» de una jornada electoral. Y algo de eso puede haber pasado en las últimas horas…

El Frente de Todos fue derrotado en un país con el 50% de inflación, una desocupación récord, una sociedad harta de la pandemia e insatisfecha con el manejo que desde el gobierno se le dio al tema y asqueada frente a actitudes de privilegio que la clase gobernante muestra cotidianamente y que van desde el vacunatorio VIP hasta la impactante imagen del presidente de la república violando las normas por él mismo dictadas. Hasta aquí, nada que resulte muy difícil de entender y nada que el tiempo y las buenas decisiones no puedan resolver.

Pero paralelamente a este castigo social ocurrió algo que hace sospechar que la derrota puede ser de consecuencias más profundas y permanentes que lo que pocas horas después alcanza a verse: los principales líderes de la coalición gobernante fueron vapuleados en sus propios distritos.

Las derrotas de Cristina y Máximo Kirchner en Santa Cruz, Sergio Massa en Tigre y Axel Kicillof en Buenos Aires da por tierra con un supuesto trípode de poder que hoy parece haber sido más imaginado que real. Y dispara mil internas y roces hacia adelante en los que los analistas deberemos ser muy prudentes a la hora de evitar que el árbol nos tape el bosque.

El árbol es Alberto y el bosque los hasta ayer poderosos referentes frentistas que, además, recelan y se desconfían entre ellos y tienen cada uno un proyecto de poder personal e intransferible.

Si el presidente no fuese un mediocre líder y un hombre débil y maleable -solo así pudo subsistir tantos años, a la sombra de tantos jefes y al calor de tantas volteretas conceptuales, lo que habría sido imposible de soportar para un hombre con convicciones- esta sería la oportunidad para escapar hacia adelante de la dura derrota y comenzar a armar un esquema de poder propio y distinto.

¿O no están ahí los caciques del conurbano, muchos de ellos arrastrados por el tsunami electoral, que desde hace mucho buscan sacarse de encima el yugo de cristina y su núcleo duro?…

¿O no esperan los gobernadores que desde el gobierno central se comience a tener en cuenta las necesidades del interior y no siga siendo solo la provincia de Buenos Aires la beneficiada por el bolsillo de payaso de la administración nacional?…

¿Y no están los gremios pidiendo a gritos que el matrimonio entre el Instituto Patria y las organizaciones sociales deje de restarles espacio de acción y de apropiarse de los fondos que casi tienen que mendigar para arreglar los entuertos de sus obras sociales?…

Ya ve el lector que margen de maniobra hay para Alberto y su hoy golpeado gobierno. Tan golpeado que, dejemos de ocultarlo y mirar para el costado, una derrota en noviembre puede ponerlo en las puertas de un abandono de la Casa Rosada. 

¿Cómo podría gobernar dos años más con la furia de Cristina pisándole los talones, La Cámpora desmadrada buscando un poder que se le escapa de las manos, los movimientos sociales en pie de guerra, el país sin financiamiento externo y con el BCRA exhausto y la oposición refregándose las manos en la antesala de un posible retorno al poder?.

Sólo un gran acuerdo nacional y el reconocimiento de la emergencia y sus consecuencias le daría tiempo y espacio para avanzar. ¿Pero está dispuesto el mandatario?, ¿lo está la oposición?, ¿lo aceptará, aún a desgano, el núcleo duro del kirchnerismo, acostumbrado a mirar la realidad con el único ojo de la acumulación de poder y dinero aunque los mensajes, como el domingo, le avisen que va por el camino equivocado?. Todo muy difícil…

Los Kirchner ya no tienen Santa Cruz, Axel Kicillof quedó desnudo ante la realidad de su nulo liderazgo en la provincia y Sergio Massa, además de perder su terruño, ya nada tiene de aquel porcentaje de votos que allá por 2019 lo convirtió en imprescindible a la hora de armar una opción triunfante.

Y con un país golpeado, una sociedad enojada, un gobierno errático y los líderes cuestionados hasta en sus propias casas...lo que ocurrió ayer se acerca mucho más a lo profundo y permanente que a lo coyuntural.

Y eso marca una debilidad que no podrá ser ocultada con la histeria que todos sospechamos que viene a continuación.