Desdoblamiento: una soga de la que se aferran temores y fracasos

Por Adrián FreijoLa idea de desdoblar el calendario electoral no será debatida en el contexto de lograr una mayor calidad democrática. Los miedos y las especulaciones le darán marco.

Mauricio Macri y Cristina Fernández se disponen a brindar el país el escenario más pobre de toda su vida democrática: competirán para darle al ciudadano la opción de votar con cual de los dos fracasos prefiere quedarse.

El presidente llegará al comicio mostrando como cartas a jugar el desastre económico generado y la imposibilidad de consolidar una alianza que comenzó a tensionarse el primer día de su gobierno -cuando el plan de Marcos Peña y Durán Barba era generar un consenso que solo fuese capitalizado por el PRO- y que amenaza estallar ahora por la porfiada actitud de seguir «pensando en amarillo» sin tomar nota de la cada vez más deteriorada relación con la UCR y las amenazas indisimuladas de Elisa Carrió de hacer rancho aparte.

Cristina, incapaz de aprender lección alguna de sus errores, pretende mantener con mano férrea la conducción de un peronismo que nunca terminó de digerirla, que no acepta la vuelta al centro de la escena de La Cámpora y que hoy duda entre la unión sin ella o la división con su liderazgo en una jugada a suerte y verdad para superar ese núcleo duro de rechazo que nunca baja del 60% de la ciudadanía.

Sin embargo ambos cuentan con una ventaja para sus tortuosos juegos: ni Cambiemos ni el peronismo tienen hoy liderazgos alternativos que puedan asegurar más votos que los que Macri y Cristina retienen.

«Con María Eugenia podemos ganar; hoy, con Mauricio, no» dicen en cercanías de la gobernadora, proponiendo por tanto desdobalar en territorio bonaerense las presidenciales y las de gobernador. En tanto el peronismo se divide entre los intendentes que ven más seguro conseguir sostener solos sus gestiones (Martín Insaurralde y Mariano Cascallares) y los que temen que sin el arrastre de los votos de Cristina pueden perder su poder político y territorial (Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis y Fernando Gray).

El peronismo federal en tanto, ve en el desdoblamiento una oportunidad aunque sus líderes lo analizan desde veredas diferentes. Juan Schiaretti y Sergio Uñak ya han convocado a votar por gobernador por fuera del calendario nacional y ambos especulan con triunfos importantes que les permitan al día siguiente erigirse en líderes del sector. Pero solo uno de ellos podrá lograrlo y no será fácil sortear las ambiciones de otros como Juan Manuel Urtubey y el propio Miguel Angel Pichetto que buscan posicionarse y cierran cualquier puerta a la negociación con el kirchnerismo.

Sergio Massa se debate entre la visión global y el interés parcial. Sabe que todos lo miran como el único contendiente posible para María Eugenia Vidal en la provincia, pero entiende también que ceder sus aspiraciones presidenciales lo debilitaría dentro del espacio. Además su objetivo más urgente es lograr el desdoblamiento para no correr el riesgo de perder su hegemonía en Tigre en manos de Cambiemos; y quiere evitar que la realidad lo lleve a tener que jugar en el distrito la carta no siempre confiable de su esposa, Malena Galmarini, como candidata que pueda derrotar a un Segundo Cernadas que cada día aumenta su intención de voto.

El líder del Frente Renovador no ha sabido construir un espacio sólido y padece la diáspora de sus seguidores. Y para completar el panorama Eduardo Duhalde está trabajando duro y parejo para convencer al peronismo de apoyar la candidatura de Roberto Lavagna, presentado como prenda de unidad. La intención del ex presidente es clara: sacar a Massa de la cancha, favorecer a María Eugenia Vidal en la provincia y retomar a través de su ex ministro un peso interno que hoy ha perdido. Una jugada clásica de los viejos tiempos, a los que Duhalde parece negarse a dar por terminados…

Macri exige en soledad, Vidal se debate entre la lealtad y la razón, Cristina insiste en su país de las maravillas relatadas, Massa trata de atajar las pelotas que él mismo puso en pies de sus rivales, Urtubey y Pichetto esperan que alguien les pongan los planetas en línea, los intendentes del conurbano navegan en un mar de dudas, los radicales y Lilita velan las armas y avisan a los líderes aliados que todo tiene un límite…y la gente espera, por ahora pacientemente, que nuestros deshilachados dirigentes encuentren una puerta de salida para la crisis que ellos mismos supieron conseguir.

Porque al no saber si mañana comeremos o tendremos trabajo, luz y gas debemos agregarle ahora el desconocimiento de cuando votaremos y por quien lo haremos.

Aunque ya haga mucho tiempo que ninguna de estas cosas dependa de nosotros…