Deuda provincial: ¿crisis política o estrategia conjunta?

Por Adrián FreijoLa primera lectura mueve a pensar en un «abandono» por parte del gobierno central. Sin embargo el riesgo de un default provincial termina beneficiando a Alberto.

En Balcarce 50 miran de reojo los movimientos de Axel Kicillof. Sospechan que el gobernador de la provincia responde solamente a Cristina y que puede en el futro ser un elemento catalizador de aquello que en el peronismo se tiene como la piedra angular del manejo real del poder interno: la relación con los intendentes del poderoso conurbano bonaerense.

En La Plata lo saben y por ello el ex ministro de economia de Cristina Fernández se reserva un alto grado de independencia en cuanto a sus movimientos y declaraciones, algo que suele no despertar demasiada simpatía en el gobierno central. Kicillof no acompaña la política de distensión que promueve Alberto y suele ser lapidario cada vez que de hablar de su antecesora o de la economía macrista se trata.

A grandes rasgos esto es lo que aparece en superficie y por tanto lo que mueve a un primer análisis que sin embargo puede tener otros matices.

Alberto Fernández ha tratado de hacer equilibrio entre el FMI, el gobierno de Donal Trump y las exigencias de una sociedad que pide prontas respuestas a las consecuencias del brutal ajuste que el país ha padecido desde fines de 2018. Que además no siguió a una época de expansión sino que devino tras los mazasos propinados por el gobierno de Mauricio Macri con tarifazos, crecimiento de la presión fiscal, inflación indomable y fuerte caída del consumo.

Como parte de ese tira y afloja permanente el expresar a los acreedores privados y al organismo internacional el estado terminal de las finanzas públicas podría disparar por parte de los mismos una presión histérica sobre nuestra economía, disparando consecuencias inflacionarias y recesivas que pondrían en jaque a la naciente administración. El escenario menos deseado y oportuno…

Y más allá de las señales de moderación enviadas hacia los mercados, la cercanía de la fecha de vencimiento de la deuda nacional hace imprescindible «avisar» que Argentina está dispuesta a pagar…pero no a cualquier precio.

La negativa a asistir a la poderosa Buenos Aires en su cuello de botella financiero, producto del pago de capital e intereses de un bono que vence en 2021, tiene tal vez una lectura diferente a aquella que analizábamos en los primeros párrafos de esta nota.

¿Y si en un acuerdo entre el presidente y el gobernador Alberto sale mostrar los dientes a los acreedores y revela que la única salida viable para los bonistas es aceptar una negociación que respete las posibilidades argentinas porque de lo contrario no cobrarán un sólo dólar más?.

Algo así como «si no arreglan con Buenos Aires tampoco podrán hacerlo con el país».

La pelota está ahora en el campo de los acreedores. O buscan acuerdos posibles o volverán a encontrase con el largo conflicto del default y con un país gobernado por un partido que ya ha demostrado que en semejantes ciscunstancias prefiere imponer condiciones y no negociar.

La estrechez une a Alberto y a Kicillof y, más allá de cuestiones internas que existen y que seguramente harán ruido en un futuro no muy lejano, el momento exige que las estrategias sean conjuntas y consensuadas.

Y ello puede ser el telón de fondo de este «arreglate solo» que no habría que apurarse a interpretar. Ni descartar que sea además un aviso a la avidez de gobernadores e intendentes que muchas veces hacen caso omiso a la realidad del tesoro nacional y creen que la única prioridad es la propia sin preguntarse la posibilidad cierta que tienen las arcas federales y provinciales para asistirlos.

Tal vez se esté dando la paradoja de que dos exponentes del peronismo en el poder reciten en forma conjunta aquello de «no nos une el amor sino el espanto».

Lo que no quiere decir que se quieran tanto…