Día Internacional de la Mujer: no hay confusión posible ni paso atrás

Por Adrián FreijoMás de un siglo luchando por sus derechos; un lugar ganado en base a capacidad y constancia, y un precio que las mujeres y la sociedad pagan siempre: los energúmenos.

Cientos de miles de mujeres salieron a la calle en toda la Argentina. Y para quienes entendemos que la violencia de género no es una propaganda kirchnerista ni un invento de histéricas, sino el espasmo final de un machismo en torno al cual se organizó la historia de la humanidad, los hechos que se vivieron hoy -como los padeció Mar del Plata en su momento- no pueden hacer que  perdamos de vista la impotencia de las miniorías rabiosas ante una realidad que de a poco se escapa de sus manos: el mundo entero, la sociedad universal, cada uno de nosotros, estamos hoy comprometidos en lograr que la igualdad de género sea no tan solo un hecho de justicia sino uno de profunda inteligencia.

Cuando hombres y mujeres caminemos de la mano, los problemas de la humanidad tendrán una fuerza duplicada para ser resueltos. Y lo mismo pasará con la pobreza, la injusticia, la educación y sobre todas las cosas…la libertad.

Por eso la perversa militancia contra la unidad, el trabajo sistemático contra la comprensión y el supremo esfuerzo para evitar la comunión entre géneros que es -al menos debería ser- lo que mueve a los hombres y mujeres de buena voluntad que creemos en la igualdad y esperamos con fe la unión de las capacidades y de los esfuerzos.

El machismo es malo; el feminismo también. El universalismo humanista es la respuesta a la razón de ser de todos, hombres y mujeres, sobre la tierra.

Con religión o sin ella cada hombre y cada mujer suponen un ser irrepetible que no puede ser avasallado y tampoco puede avasallar. Sus derechos son inalienables, como lo es su responsabilidad frente al conjunto.

En el trabajo, en la libertad de expresión, en la posición frente al derecho positivo como continuidad del derecho natural, en su papel como gestor cultural del mundo que viene, como representatividad política, en la elección sexual, en el rol jurídico, humano y determinante frente a la pareja, la familia y la diversidad, hombres y mujeres son lo mismo; y lo son hasta el aburrimiento de la naturalidad.

Y así será como expresión de ese futuro que requiere el estrecho, personal y voluntario sentido de la construcción común que no debe tener otra definición previa que no sea la del amor y la vocación de trascendencia gregaria.

En el que la violencia, como siempre ocurrió, será un hito que la humanidad dejará atrás casi naturalmente. Sabiendo que llegará otra en nombre del progreso, y que jamás podrá vencer a los hombres de buena voluntad.

¿O usted cree que llevamos millones de años sobre la tierra porque los que destruyen, prohíben, imponen y y matan ganaron la guerra?.