El año de la historia en el que Mauricio Macri debe posar la mirada

(Escribe Adrián Frejjo) – Ni es la primera grieta ni será la última. Los argentinos somos «especialistas» en eso de dividirnos, pero hubo quienes supieron intentar otra cosa.

Hace cuarenta y dos años moría el tres veces presidente de los argentinos Juan Domingo Perón, y es natural que en este nuevo aniversarios todos recuerden su figura como la de uno de los líderes populares más importantes que ha tenido la historia de nuestro país.Sin embargo, y como un simple aporte a la reflexión hacia el futuro, quisiera hoy detenerme en el “año olvidado” que sin duda fue el anterior al acontecimiento que se conmemora.

 

Un año antes de la muerte de Perón la Argentina estaba partida al medio. Peronistas y antiperonistas, acelerados por la carga de casi veinte años “sin historia real” se enfrentaban en el odio y la sinrazón con la vehemencia propia de los enemigos.

 

Ser peronista representaba necesariamente tener en la vereda de enfrente enemigos irreconciliables que sólo entendían el debate como expresión de agravios y descalificaciones.

No serlo…generaba un escenario idéntico al descripto.

 

Tan sólo un año después Ricardo Balbín pronunciaba aquellas recordadas palabras que decían “el adversario de ayer viene hoy a despedir al amigo” y casi la totalidad de los argentinos lamentaban la muerte de aquel al que veían como abanderado del reencuentro nacional.

 

¿Qué había pasado en tan corto tiempo?, ¿Qué cosa era la que había logrado que los enemigos irreconciliables en torno a la figura del ilustre muerto compartieran hoy dolor y preocupación por las acechanzas que lanzaba su ausencia?.

 

La respuesta es una sola: el valor de un liderazgo.

 

Un liderazgo que durante treinta años estuvo dirigido a una parcialidad y que en el ocaso de la vida se había centrado en la totalidad.

Un liderazgo que encontró en la experiencia europea –y seguramente en la sabiduría de una senilidad responsable- la respuesta a tantas tensiones, tantas luchas, tantos enfrentamientos y tantas enemistades.

 

En sólo un año en el país Perón había comprendido que el momento que se vivía requería potenciar el acuerdo y enterrar los enfrentamientos. De otra forma las cosas terminarían inevitablemente…como terminaron un año después de su final.

 

Un año antes divididos…en el “durante” de su último ciclo, reencontrados en la preocupación común por el país…tras su muerte, el abismo del odio, la violencia y el desencuentro.

 

Por eso cuando hoy se habla de “la grieta” y se teme por lo que pueda acaecer en la Argentina que viene es bueno no olvidar aquella experiencia.

 

Las divisiones de la sociedad son propias de los pueblos con liderazgos negativos que hacen del enfrentamiento una forma de esconder las propias limitaciones del conductor.

 

Pero sólo hace falta la aparición de un líder positivo, civilizado y dialoguista, para que la gente comprenda el valor del esfuerzo conjunto y la convivencia.

 

No importa cuan enfrentados estemos hoy, aunque ello no sea ni bueno ni deseable.

Importa que quien suma la conducción del país sepa decirnos una vez más aquello de que “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino” y  sepa extender la mano sin cortapisas al adversario que quiere convertir en amigo.

 

Y entonces veremos nuevamente cuantas cosas pueden cambiar en sólo un año.