El atentado en Kenia no deja dudas sobre una guerra anticristiana

Los hombres de Al Shabaab preguntaban a los estudiantes si eran cristianos o musulmanes antes de dispararles. A los musulmanes los dejaban ir, mientras retenían a los cristianos.

El ataque de Al Shabab a la Universidad de Garissa, que ayer dejó al menos 147 muertos y 79 heridos, ha conmocionado e indignado a la sociedad keniana, que todavía está de luto tras una de las peores masacres que ha vivido el país en los últimos años.

Durante todo el viernes varios aviones que traían los cadáveres de los fallecidos aterrizaron en Nairobi para luego ser trasladados a la morgue, donde los familiares esperaban para identificar los cuerpos.

El ministro keniata del Interior, Joseph Kaissery, ha prometido que el país no se dejará «intimidar por los terroristas» y confía en la capacidad del país para «ganar esta guerra».

Los jóvenes supervivientes han contado cómo comenzó el ataque cuando la mayoría dormía.

Los terroristas gritaban en voz alta que eran de Al-Shabaab y que que todos debíamos tener miedo», explicó Collins Wetangula, estudiante de la universidad de Garissa.

Los hombres de Al Shabaab preguntaban a los estudiantes si eran cristianos o musulmanes antes de dispararles. A los musulmanes los dejaban ir, mientras retenían a los cristianos.

El ataque -especialmente dirigido contra la orientación religiosa de los jóvenes estudiantes- ha sorprendido a Kenia: ha sido el peor cometido en la región desde el bombardeo de la embajada de USA en Nairobi en 1998, en el que murieron 213 personas.

La Unión Africana (UE) condenó en duros términos el que consideró un «ataque terrorista hostil» y un «acto barbárico». La presidenta de la organización, Nkosazana Dlamini-Zuma, defendió la intervención militar de Kenia en Somalia. El país «hizo un enorme sacrificio para estabilizar el país vecino».

Los jóvenes estudiantes vieron a muchos de sus amigos morir e incluso se mancharon con su sangre. «No tememos a la muerte, van a ser unas buenas vacaciones de Pascua para nosotros, gritaron los agresores en swahili antes de disparar», relató Salias Omosa, estudiante de 20 años, alojado ahora en un campamento militar levantado cerca de la universidad.

Maureen Manyengo, otra estudiante de 21 años que dormía en los cuarteles del ejército local en el momento del ataque al igual que otros supervivientes, se escondió en un armario. «Yo escuché a los asaltantes decir a mis amigos: ‘No se preocupen, nosotros los vamos a matar, pero nosotros también vamos a morir'», narró la joven. «Yo también les entendí decir: ‘Ustedes no estarán a salvo hasta que su Presidente retire a los soldados de Somalia'».

La desesperación es máxima para los familiares, que se agolpan en los alrededores del centro educativo, custodiado por las fuerzas de seguridad. En el interior, las tareas de rastreo continúan y el ejército trata de cerciorarse de que cualquier amenaza de peligro ha pasado.

«Estoy muy preocupada, tengo un hijo que fue uno de los estudiantes atrapados en la universidad y no he tenido noticias», explicó entre lágrimas Habel Mutinda.

«Traté de identificar su cuerpo entre los muertos», relató un anciano. «Debo hacerlo antes de que el cuerpo se descomponga por el efecto del calor», añadió.

Los cuerpos de los fallecidos son enviados a la morgue de Nairobi. Los familiares han acampado en las aproximaciones con la fe de recibir buenas noticias de sus hijos.