El básquet y Mar del Plata pagan otra vez por una política irresponsable

Por Adrián Freijo – Otra vez Mar del Plata, que tiene el añejo privilegio de dos equipos en la élite del básquet argentino, queda en las puertas de un papelón por la estupidez de sus gobernantes.

Vaya si esta vez no importa si las simpatías corren detrás de Peñarol o de Quilmes; y mucho menos si los modales de sus presidentes son dignos de una corte europea o más bien de una poblada tribuna popular. Solo es digno de recordarse que no son muchas las ciudades y/o provincias que pueden lucir a dos equipos propios en la cúspide de un deporte que ya hace rato se entrevera con los más populares del país.

Y que ese deporte, con todas las carencias y críticas que puedan hacerse a las autoridades de la entidad que lo rige, tiene un fixture profesional que en este caso fue hecho público en el mes de agosto del año pasado. Y que, bueno o malo, no ha tenido tantas reformas desde entonces.

Y por otro lado Mar del Plata tiene, desde 1995 cuando se realizaron los Juegos Panamericanos, un parque deportivo de los más importantes del país y, aún avejentado, de América.

¿Puede ser que un cuarto de siglo después -y muchos millones gastados en salarios no por cierto bajos- no haya una estructura profesional de conducción de los escenarios que sea capaz de entender que cuando de deporte profesional de primer nivel se trata es imprescindible congelar el uso de los mismos en tanto dure la chance de los equipos locales de mantenerse en competencia?.

¿Y una conducción política capaz de observar el efecto multiplicador del básquetbol en nuestra niñez y juventud, cada vez más entusiasmada con su práctica?. ¿No sería ello suficiente para poner alguna atención en los intereses de las dos instituciones que traccionan el fenómeno?.

Peñarol chocó con Stravaganza, Quilmes lo hace con un torneo de Patín Artístico. ¿Es qué nadie se dará alguna vez por enterado que es altamente posible que la ciudad tenga a uno de sus equipos en instancia finales?, de esas que significan televisación para todo el país, llegada de miles de visitantes, miles de centímetros en diarios y revistas, millones de caracteres en redes sociales…y todo con el nombre “Mar del Plata” de fondo.

Ni que decir de la parafernalia “tinellista” que acompañará a San Lorenzo, parte de un show televisivo que miran millones de argentinos cada noche. Todo ello quedará, tal vez, para un Coronel Vidal en el que sus gobernantes estuvieron atentos para dar el paso adelante y presentarse con un “Hola…¿necesitan algo?

Nada puede reprocharse hoy a la dirigencia de Quilmes, como nada antaño a la de Peñarol: ellas cumplieron con su obligación que, en cada caso, significa tomar las decisiones necesarias y suficientes para que sus equipos lleguen a la cima de la competencia en la que intervienen.

Y mucho por el contrario a las autoridades del EMDER: ni siquiera tuvieron la capacidad de mirar un fixture y suponer que una formación deportiva -de la alcurnia e historia local que tiene Quilmes- podía darle a los escenarios que administra y a la ciudad que les paga sus sueldos, una exposición nacional e internacional que no les representaba costo alguno.

Como si lograr los objetivos fuese en Mar del Plata un pecado….

Foto: Infoliga