El desempleo y la angustia marcan la encrucijada de Montenegro

Por Adrián FreijoLos números del desempleo en Mar del Plata y los síntomas del cansancio en la población se cruzan con la negativa provincial a habilitar actividades y la necesidad de respuestas.

No es una guerra declarada pero cada día que pasa se le parece más. A las tensiones constantes que generan sectores de la economía local que ven acercarse día a día el punto de no retorno se suman los recientes números que marcan que el desempleo en General Pueyrredón se han salido de cauce y ya permiten hablar de una verdadera tragedia social.

De nada sirve la insistencia del intendente Guillermo Montenegro ante el gobernador bonaerense para que se autoricen nuevas actividades, los rígidos protocolos presentados y la evidencia de un estallido social que hoy aparece a la vuelta de la esquina. La postura de Axel Kicillof -acompañada por la intemperancia del bloque del Frente de Todos en la ciudad- es hoy inamovible: para Mar del Plata, nada.

Ni aperturas, aún en rubros que en otros lugares de la provincia y del país ya se han habilitado, ni señales. Ya entrada la primavera sería una buena válvula de descompresión que tuviésemos al menos la certeza de que habrá una temporada y la aprobación de los protocolos que será necesario implementar para minimizar los riesgos que de una u otra forma van a correrse pero que no pueden suspender la vida en el infinito y mucho menos llevar a la postración a una ciudad golpeada como pocas.

La del gobierno provincial es una actitud perversa y descontrolada que deberá ser respondida con firmeza por parte de las autoridades locales y con inteligencia y unidad por parte de la ciudadanía.

Desde los sectores más duros del kirchnerismo se ha lanzado una embestida sin disimulo contra todos los distritos gobernados por la oposición. Lo sufrió Tandil -en donde la firmeza del intendente Miguel Lunghi obligó a Kicillof a revisar la antidemocrática decisión de dejarlo fuera del reparto de fondos anunciados hace algunos días- lo padece la CABA que ha visto de un día para el otro podado su presupuesto y convive con la amenaza de nuevos recortes que la pondrían en situación de desfinanciamiento y lo viven  Mar del Plata y Batán de manera creciente, peligrosa y que requiere una rápida respuesta.

Con una actitud que tiene la marca indeleble de la ex presidente, el tiempo dialoguista se agotó prematuramente y otra vez deberemos acostumbrarnos a aquello del «ir por todo» o el más añejo, pero no menos lamentable, «al enemigo, ni justicia».

“Hay que abrir de nuevo los negocios con la gente adentro para que las pymes puedan vender; la gastronomía tiene que poder funcionar de manera abierta; la construcción privada tiene que reactivarse. Lo hemos solicitado pero la Provincia lo denegó; todo denegó”, explicó el secretario de la Producción local Fernando Muro para dejar en claro que es lo que ocurre y que aquello que se puede esperar. “Estamos en una situación que no se sostiene más» concluyó para que no quede duda alguna.

Todo gobernante tiene un momento en el que se tropieza con la encrucijada de su destino; y tal vez ese momento ha llegado para Guillermo Montenegro.

Ya no es el candidato del poder ni le alcanzará con una foto ratificatoria con los líderes de su partido; ya no habrá discursos complacientes de un presidente al que le han prohibido convivir con los ajenos. Ahora está solo, con una ciudad que lo mira y espera actitudes que la saquen de la desesperanza y prendan una luz, aunque débil y titilante, que muestre el final del camino.

Y eso lo obliga a tomar decisiones que necesariamente requieren valentía, urgencia y sentido de pertenencia.

Y en las que la ciudad seguramente se dispone a acompañarlo…