El día que una imagen desnudó todas nuestras miserias

Por Adrián Freijo – Desgarradora y humillante nos pone de frente a la realidad: nos estamos yendo, dando la espalda a un país que  nos golpea y nos abusa.

 

La historia de Diego Jiménez y su hija Abigail, una nena de solo 12 años enferma de cáncer, a quienes un policía les prohibió ingresar a Santiago del Estero porque no contaban con la documentación necesaria que acreditaba por qué habían viajado, generó una gran conmoción.

La viralización del momento en que el padre tomó en sus brazos a la nena para cruzar la frontera con Tucumán repercutió en todo el país, el impacto se multiplicó y la imagen ya se convirtió en un símbolo.

Y tal vez ello ocurrió porque esa imagen no solo nos interpela como sociedad -brutos, desalmados, incapaces de comprender el dolor del otro- sino que nos representa, es la de cada uno de nosotros cargando nuestros sueños, nuestros afecto y yéndonos…dándole la espalda a un país que no nos contiene, no nos quiere y ya no nos pertenece.

Delante de los ojos de ese padre (nosotros) está el sitio al que queremos llegar, para estar seguros, para mitigar el dolor y la angustia de aquellos a quienes amamos.

Detrás de él (nosotros) el estado irracional, que no es capaz de interpretar el dolor humano porque no le importa, porque no deja ganancia en sus arcas ni en los bolsillos de los poderosos, porque no siente obligación de servicio alguno con cada uno de quienes lo sostenemos con nuestro trabajo y nuestros impuestos.

Una imagen que pinta a la Argentina que se está escapando, que está buscando en otras tierras lo que no encuentra en la propia. Miles de hijos de este suelo que ya no quieren saber nada con un país que nos maltrata, nos humilla y se abusa de nosotros.

Nos estamos yendo, todos…tristes…con la cabeza gacha y los sueños en brazos.

Con la furia del que ve el triunfo de los corruptos, de los vagos que se pretenden vivos y de los que solo saben vivir del esfuerzo ajeno.

Con la resignación de quienes toman conciencia de que han perdido esta guerra y que, sin siquiera haberlo aceptado como posible, dejaron su patria y el futuro de sus hijos en manos de los peores.

Abigail y su padre somos nosotros, como también lo era Mauro Rubén Ledesma, el joven de 23 años que murió ahogado cuando intentaba cruzar a nado el río Bermejo para ingresar a Formosa tras haber solicitado en varias oportunidades la habilitación para acceder a la provincia. O los 7.500 argentinos que debieron recurrir a la Corte para que Gildo Insfrán los autorice a volver a sus hogares.

Y es bueno que la imagen se meta en nuestro alma para que todos sepamos que es lo que pasa con nuestras vidas y nuestros derechos.

Aunque la angustia se apodere de nosotros…