El discurso, la memoria, los deseos y los gestos

Por Adrián Freijo – El nuevo presidente dejó un mensaje en el que las entrelíneas, los gestos y las visiones del pasado tuevieron más peso que los anuncios de rigor.

Alberto Fernández se dispuso a aparecer desde el primer instante de su gobierno como el presidente que viene a cerrar la grieta. No es ocioso que a los pocos segundos de iniciar su exposición, y cuando faltaban otros tantos para culminarla, trajese a la memoria el recuerdo de Raúl Alfonsín, el único hombre de esta etapa  que tras su muerte ha concitado la unanimidad de los argentinos que lo bautizaron Padre de la Democracia.

Pero no le va a resultar fácil la patriada. Junto a él una Cristina tensa, por momentos cercana a la crispación, que desairó el saludo del mandatario saliente y no ahorró esfuerzos para demostrar su encono con quien abandonaba el poder con algo más de elegancia de la que ella mostrara hace cuatro años, cuando se negó a entregar los atributos del mando. Aunque ahora pretenda echar mano a una supuesta órden judicial de entonces, cuando aquella resolución acerca del momento del cese de mandato fue diez días posterior a su anuncio de que no iba a asistir a la ceremonia. Pero todos sabemos que en Cristina la historia y el relato se difuminan en una zona gris que ni ella misma puede dominar.

Los anuncios, tal vez menos concretos de lo que se esperaba, forman parte de un cúmulo de buenas intenciones que ahora van a requerir de pasos concretos que no serán sencillos. O que si buscan la urgencia pueden llegar a perder solidez, como tantas veces ha ocurrido en la historia reciente.

Las expectativas obligan a Fernández a dar rápida respuesta acerca de salarios, jubilaciones y planes sociales, así como tarifas y precios esenciales. Pero ninguno de ellos podrá sostenerse en el tiempo si el mentado acuerdo económico y social no avanza sin pausa y consigue al menos algunos consensos previos que sean marco para las discusiones de fondo.

Deberá el mandatario cuidarse de no caer en el efectismo que caracterizó al gobierno de su vicepresidente. Hablar de entregar los fondos reservados de la AFI para paliar el hambre de los argentinos es desconocer que todos los servicios de inteligencia del mundo tienen necesidad de recurrir a ellos. ¿Va a llamarse a una licitación pública para espiar cuestiones de prioridad del estado?, ¿se llenará una planilla de viáticos para infiltrarse «detrás de las líneas enemigas» y averiguar cuestiones vinculadas a la seguridad nacional?. Absurdo, impensado…infantil.

Sobre todo viniendo del hombre que era Jefe de Gabinete cuando Gustavo Beliz, entonces ministro de Justicia,  señaló a «Jaime» Stiusso como responsable de las escuchas ilegales a dirigentes de la oposición y periodistas. Fue el mismo Alberto quien horas después lo despidió con una llamada telefónica.

Aunque la designación de Beliz en el actual gabinete y este anuncio sin chance alguna de concreción pueden significar un claro mensaje que sobrevoló toda la ceremonia: el nuevo mandatario trató de aparecer como una vía distinta al kirchnerismo y no hizo esfuerzo por disimularlo, pese a la evidente incomodidad de Cristina que en su intento por espiar lo que venía casi termina sentada en las rodillas de Alberto.

Porque hubo claras críticas a la grieta y alusiones negativas a indicadores económicos y sociales de los años de Néstor y de su esposa. Y también definiciones en materia de política exterior, derechos humanos -que siempre referenció a los primeros esfuerzos de Alfonsín, esos que tanto los K como los organismos defensores como Madres y Abuelas siempre han descalificado- y relación con la prensa, a la que convocará para negociar pautas institucionales a cambio de difusión educativa, un proyecto tan difuso como interesante que puede llegar a marcar un antes y un después en lo que ya es obsceno terreno de corrupción por la compra de periodistas para convertirlos en operadores políticos.

No queda muy claro lo que tiene que ver con la anunciada reforma judicial. Tal vez una primera impresión lleve a la sociedad a sospechar que sea lo que sea lo que viene, el final será la libertad para tanto ex funcionario encarcelados por temas vinculados a la corrupción. Mucho se cuidó Alberto, tal vez temeroso de recibir una patada por debajo del estrado, en separar la paja del trigo: hay muchos de ellos que están presos por una interpretación discutible de la figura de la prisión preventiva, pero no todos pueden considerarse presos políticos; hay situaciones de corrupción escandalosa que cuesta mucho emparentar forzadamente con perrsecuciones e ideología. Y ello alcanza a la propia Crisitna….

Se vienen semanas de fuertes definiciones, en las que el flamante presidente deberá hacer del equilibrio una virtud constante. Seguramente su compañera de fórmula y sus más fanáticos seguidores tomaron  nota de ese intento de diferenciación y tendrán que decidir si permiten que siga adelante o marcan la cancha desde el principio.La política supone tensiones y la mala política promueve convulsiones.

¿Hace falta recordar de que hablamos condo hablamos de politica en la Argentina?…