El endeudamiento externo vuelve a ocupar el centro de la escena

Como ocurriese en los 90 el nivel de endeudamiento argentino comienza a ser explosivo. Y como entonces no es para favorecer inversión y crecimiento sino para sostener déficit fiscal. Grave.

Mauricio Macri lo dijo sin vueltas ante una poco interesada -en ese tema- Mirtha Legrand: “No podemos seguir tomando deuda, hay que bajar el déficit”. Tiene razón, el problema es que sus funcionarios, al menos hasta ahora, no le hacen caso.
A los pocos días de asumir, el nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se comprometió a reducir el déficit fiscal primario al 4,2% del PBI en 2017. Cuando asumió Prat Gay y se optó por el gradualismo fiscal, el objetivo era reducirlo al 3,2%.

En aquel entonces el ex ministro de Hacienda y Finanzas, había asegurado que el déficit de 2015 había sido del 7% y que él lo reduciría en 2016 al 4,8%. Pero resultó ser que había aplicado una “contabilidad creativa” para calcular ese 7% y cuando el Indec de Todesca presentó los números, en realidad el déficit del último año de Cristina fue del 3,8%. Por ende, cuando celebraron el cumplimiento de la meta fiscal en 2016, en realidad había crecido el déficit.

Dujovne asumió y corrigió la contabilidad creativa. En su primera conferencia de prensa anunció la nueva metodología y sinceró que el déficit fiscal primario del 0,3% del PBI que Prat Gay había prometido para 2019 no era factible. Ahora la nueva meta para el último año del mandato de Macri es del 2,2%.

En el Congreso Económico Argentino que se llevó a cabo en el Hilton, todos los economistas que disertaron coincidieron en que dos elementos del programa económico de Macri generan preocupación. Primero el gran déficit público. Y segundo el atraso cambiario. Pero ambos son dos caras de una misma moneda: el Gobierno tomó 61.000 millones de dólares en 2016 y planea tomar otros 40.000 millones de dólares en 2017. Esos dólares al ingresar al país, tiran para abajo la cotización del dólar, dificultan las exportaciones y promueven las importaciones.
Esos dólares hay que devolverlos y sin exportaciones que generen un ingreso genuino de dólares, cuando se terminen los dólares del festival de deuda, no va haber un fuerte sector exportador capaz de generarlos.

Un escenario idéntico al que en los 90 empujó al país a una situación fiscal inmanejable que fue el motivo central de la explosión del año 2001.

Como para tener en cuenta y virar cuanto antes…