El escenario en el que Montenegro deberá entrar a escena

Por Adrián FreijoEncara un futuro lleno de acechanzas al que casi podría definirse como de manual. Tal vez al equilibrio se le opondrán intereses desestabilizadores.

Por estas horas el nuevo intendente termina de conformar el gabinete que lo acompañará a partir del 10 de diciembre. Y lo hace condicionado por dos factores que pueden ser definitorios para el primer tramo de gestión en el que deberá mostrar firmeza, equilibrio y personalidad para asumir el liderazgo político de una ciudad que se ha convertido en el reino de los claroscuros.

Uno de ellos, el interno, nos remite a una coalición que no tiene a la homogeneidad como característica y que verá aparecer las tensiones con la misma celeridad con que tuvo que padecerlas Carlos Fernando Arroyo desde el principio mismo de su gestión. Claro que dependerá de Guillermo Montenegro mostrar una cintura diferente, mantener vivo el diálogo con el radicalismo y frenar ciertas ambiciones personales de grupos internos que a lo largo de estos últimos años han mostrado como único norte el acercarse a los negocios públicos en busca de beneficios personales. Pero no será sencillo, los primeros nombres conocidos hablan de gente con una probada capacidad profesional pero tal vez sin espalda suficiente para encarar terrenos cenagosos que son habituales para politiqueros y vivillos.

Si el flamante jefe comunal busca un gobierno de técnicos y especialistas y no presta atención al alto porcentaje de «veteranos» de la política lugareña que hoy parecen colarse por los intersticios de su nonata gestión…no tardará en encontrarse con un verdadero problema. Dios y el Diablo participan de la misma historia pero no son lo mismo.

El otro factor, el externo, tiene que ver con las circunstancias de poder que en provincia y el nación rodearán su gestión. No son lo mismo Alberto Fernández que Axel Kicillof y en un punto no muy lejano Montenegro puede quedar encerrado en los crujidos de una pugna que más temprano que tarde comenzará a condicionar la vida política nacional.

El presidente tiene como prioridad el mantenimiento de la paz social, la construcción de un acuerdo nacional y la consolidación de un mensaje distinto al que la sociedad tiene en el recuerdo cuando de los últimos años de kirchnerismo se trata. Alberto sabe que en lograr ese objetivo se basa la que tal vez sea la única esperanza de hacerse de un  armado propio y de los instrumentos reales del poder.

Axel Kicillof aparece hoy en una posición más dura, más confrontativa y más cercana a aquellas rispideces que hicieron de Cristina y los suyos protagonistas de una grieta que aún no ha cerrado. Y tiene un objetivo político inmediato, casi un mandato de la lógica del poder, que es recuperar en dos años la mayoría en las tres grandes ciudades de la provincia que fueron esquivas al Frente de Todos al momento de elegir sus propias administraciones.

Mar del Plata, La Plata y Bahía Blanca son lunares notorios en la blanca imagen de un triunfo provincial que el gobernador va a poner sobre la mesa al momento de discutir su propio poder frente al gobierno nacional. No solo hablamos de espacios…también lo hacemos de dinero, algo que en las arcas provinciales lejos está de sobrar.

Si es cierto que Fernanda Raverta, desde el área social de la administración o como referente del gobernador en su banca de diputada, va a convertirse en la interlocutora habrá que ver en el contexto de que estrategia lo hace. No es lo mismo acercar soluciones al conflicto constante que la pobreza y el desempleo generan hoy, y seguirán generando en lo inmediato, haciéndolo desde un escenario de colaboración con el gobierno comunal que desde un «esto lo arreglamos desde provincia» que pueda dar imagen de impotencia local para lograrlo.

Lo primero sería parte de una visión de estado, lo segundo una estrategia para abonar un triunfo electoral en los dos próximos años que deje el camino expedito para lograr la tan ansiada intendencia en 2013. ¿Cuál cree el lector que será el camino elegido?. Hace tiempo que la política argentina no posa su mirada sobre la grandeza…

Los movimientos sociales no parecen hoy dispuestos a aceptar calladamente las órdenes del poder. Ni para salir a la calle ni para abandonarla. Y eso crea un escenario de inestabilidad que no parece el mejor para los juegos irresponsables que supieron tenerlos como peón en el tablero de ajedrez de la decadencia nacional. Cuidado…

Mucho equilibrio tendrá entonces que hacer el flamante mandatario local sin perder de vista que Mar del Plata depende de esos poderes centrales para cumplir con sus mínimos compromisos. Por culpas que no le son propias, pero que se acentuaron durante la gestión del espacio que lo contiene, el margen de acción propio está angostado hasta el mínimo tolerable.

Si hasta una reorganización del aparato municipal, algo que puede estar dando vueltas en su cabeza, no sería suficiente para lograr suficiente aire financiero y abriría otro frente de conflicto que no aparece oportuno. La batalla más justa se vuelve estéril si se libra en el momento equivocado.

Habrá entonces que medir cada paso, aplicar una mirada política a la elección de los tiempos y los colaboradores y aceptar que las cosas son como son y no como la nueva administración quisiera que fueran.

¿Es imposible?…para nada. Alcanzará con entender que en política dos más dos también termina siendo cuatro, pero sumando de a uno.

Y lo que viene está más vinculado a la política que a las matemáticas…