El estado de postración policial afecta a todos los bonaerenses

(Escribe Adrián Freijo)La cuestión del estado general de nuestra policía pone en riesgo la seguridad comunitaria pero además lesiona los derechos humanos elementales de sus efectivos.

Cuando a poco de asumir el Sr gobernador Daniel Scioli prometió un abordaje integral de la problemática de seguridad y el reequipamiento de la fuerza con los mejores patrulleros y pertrechos; los mejores sueldos; los mejores planes operativos; el armamento más sofisticado que lograse equiparar el que ya por entonces poseían los delincuentes, pareció que algunas cosas iban a cambiar.

Pero por más que se aumente el número de policías, todo servirá muy poco  si no se reparan las injusticias cometidas contra los uniformados y simultáneamente no se satisfacen las necesidades básicas, humanas e impostergables de los policías, como ser sus pésimas condiciones laborales y la calidad de atención que el Estado-patrón debe a las mujeres y hombres encargados de velar por el cumplimiento de las leyes de la sociedad.
Sin embargo las condiciones de seguridad en que trabajan los policías son paupérrimas, escandalosamente abandonados a su suerte.

No hay chalecos suficientes y muchos de los que hay están vencidos; falta blindaje en los patrulleros, y lo más grave es que el personal de calle no recibe un adecuado adiestramiento de tiro.
Se les retiró el armamento apropiado para su defensa, quedando solamente con un arma de puño, lo cual los deja en importante inferioridad ante el delincuente asesino.
Con el fundamento científico obtenido de profesionales de la salud, acerca del estrés que sufren los trabajadores policías debido a la compleja y peligrosa labor policial, puede afirmarse que un servidor que es conciente de su inferioridad frente a quien debe perseguir y enfrentar, se encuentra en peligros desventaja anímica e intelectual que necesariamente tendrá consecuencias en su rendimiento y pondrá en riesgo su vida.

Bien dice APROPOBA -organización que nuclea a profesionales de la policía bonaerense- que  «advertimos también acerca de los Trastornos del Sueño que sufre nuestro personal, debido al abusivo recargo de servicios a que son sometidos, y que resignadamente aceptan para poder sumar un peso más al mezquino sueldo con el que se les retribuye. Trastornos que también acarrean consecuencias graves en el servicio, como ocurre con la falta de entrenamiento y con el estrés». Un diagnóstico ajustado de lo que ocurre en la actualidad con la fuerza.

Y una fuerza que pese al ingreso sin límites de nuevos efectivos se aleja cada vez más de la idoneidad necesaria para afrontar sus delicadas incumbencias.

Con efectivos agotados, muchas veces preocupados por la cobertura de un compañero inexperto y poco preparado, con armamentos y móviles en estado de obsolecencia y deteriorados, nunca se podrá superar el escalón de los anuncios publicitarios vacíos de contenido y que ocultan el grave riesgo que hoy corre la vida de los policías y por ende de la sociedad.

La inmoralidad de los responsables políticos se miden en vidas perdidas, familias destrozadas y en una población aterrada ante el avance del delito.

Aunque tarde, el gobernador tendrá que darse cuenta de su responsabilidad en este estado de cosas.