EL FONDO DE LA CACEROLA

Una vez más la clase media urbana utilizó el doméstico utensilio para expresar su mal humor. Pero las encuestas demuestran que es la sociedad toda la que está enojada. Ojalá se lea correctamente el mensaje.

Los cacerolazos ya están incorporados a las formas de manifestar de los argentinos. O al menos a quienes componen la cada vez más golpeada clase media.

Y no tienen ideología; los padeció en forma incipiente Carlos Menem, los escuchó atronar Fernando De la Rúa, los quiso desconocer y pagó un alto precio por ello el kirchnerismo, soprendieron a Mauricio Macri, convencido de que los «caceroleros» eran propios hasta que los reiterados cortes de luz y los tarifazos lo llamaron a la realidad y lo desvelan ahora a Alberto Fernández que ya no sabe como despegarse del disparate que supone abrir las puertas de las cárceles para devolver a la calle a quienes hicieron méritos suficientes para no verlas durante muchos años.

Dicen que el presidente está enojado y acusa a la oposición de organizar la ruidosa movida. Considera que se trata de la ruptura de un acuerdo previo que aseguraba que el tiempo de la crisis sanitaria iba a suponer una tregua política.

Ocurre que las muchas encuestas que hoy dan vuelta indican que entre el 80 y el 85% de los argentinos están en contra de la liberación de detenidos. Si todos ellos son guiados por la oposición el gobierno está en problemas.

No hay nada más peligroso que vivir buscando culpables y pretextos. Lo aconsejable en cada caso -máxime cuando la sociedad habla- es enfriar el ánimo, aguzar la inteligencia y entender que es lo que se ha querido comunicar.

Mirar el fondo de la cacerola y ver que es lo que se nos ha pegado en ella. Para evitar que el guiso se nos queme y nos demos cuenta cuando sea tarde…