El gobierno de Macri enfrenta una encrucijada de difícil solución

Redacción –  La decisión de la OMC de postergar hasta el año próximo el acuerdo con MERCOSUR hasta el año próximo complica al país. Sorpresa y preocupación cerca de Macri.

No fue un buen debut el de Mauricio Macri como presidente de la Organización Mundial de Comercio. Al escepticismo mostrado sin disimulo por los empresarios presentes en todo lo que tenga que ver con inversiones cercanas en el país se sumó un estado de conmoción permanente que logró convencer a muchos de los visitantes acerca del negativo escenario que encontrarían para radicarse en estas tierras.

pero sin duda la frutilla de la torta se dió cuando desde la organización anunciaron que el tan mentado tratado de libre comercio entre el MERCOSUR y la OMC se postergará para su tratamiento hasta el año próximo.

Macri quería una foto de cierre con el documento final rubricado y solo tendrá la de una expresión de buena fe para seguir hablando más adelante. Diplomáticamente, esto se llama un rotundo fracaso.

Sin inversiones y sin tratado, el presidente ve ahora alargarse los tiempos de la cada vez menos necesaria respuesta del mundo a las urgencias nacionales. La radicación de empresas, el financiamiento y el crédito externo son tan imprescindibles como perentorios: el país no aguanta un año más financiando su déficit con créditos caros, fondos de la ANSES y festival de bonos de alto rendimiento.

pero la verdad es que en los pasillos del encuentro internacional, nadie hablaba de producción y ni siquiera de asociaciones mixtas. Todos los representantes de la OMC se entusiasmaban al saber que se emitirían nuevas LEBAC que dejarían un rendimiento ocho veces por arriba de la media mundial. ¿Quién va a querer producir acero, petróleo o gas -en un país de un altísimo costo laboral y una impresionante presión fiscal- si solo “comprando papelitos” del estado pasa anualmente por caja para retirar una ganancia del 30%?.

Mauricio Macri deberá ahora replantear cuestiones urgentes (un financiamiento para 2018 que tampoco contará con ayuda externa) y otras ciertamente importantes como la necesaria recomposición del ala política de su gobierno: ¿nadie le avisó que el tratado no iba a firmarse?, ¿nadie le comentó que recibir a los visitantes al mismo momento en el que se debatían las reformas laboral y previsional, lejos de ser un mensaje tranquilizador era mostrar una imagen de convulsión que anticipa que ante un cambio de aire político todo volverá a ser como era entonces?, ¿a quién se le ocurrió salir a promocionar la nueva tanda de bonos de alto rendimiento justo cuando están en Buenos Aires potenciales inversores en áreas sensibles?.

Es claro que el presidente no está bien asesorado y que en este gobierno no hay nadie con capacidad de planifica, al menos, el tiempo de cada cosa.

Tan claro como que todo lo ocurrido en las últimas horas ha sido un fracaso y que la única verdad -que suele ser la realidad- anuncia un año sin inversiones, con déficit creciente y endeudamiento explosivo, sin apoyo de los empresarios ni aporte de los capitales  y sobre todo con un Ejecutivo preso del “apoyo” de los gobernadores peronistas que cada vez que acercan “uno” es para poder llevarse “dos”.

Y a veces, de paso, quedarse con el poder.