El gran desafío de Elke Karsten en su llegada a la liga húngara de handball

La jugadora de la selección argentina pasó de desempeñarse en España a tener que afrontar en Hungría la adaptación a una idiosincracia diferente, con un idioma nuevo y el peso de ser observada como un «bicho raro».

En diálogo con la periodista Florencia Cordero en Radio Brisas de Mar del Plata, Elke Karsten contó los detalles de su experiencia desde Hungría en el programa «Un Lugar en el Mundo, historias de argentinos en el exterior».

Cuando desembarcó en Málaga, en su primera salida al exterior como jugadora, se encontró con muchas similitudes en las costumbres y la vida social en comparación con lo que estaba viviendo en Argentina, pero ya instalada en Debrecen (la segunda ciudad más poblada del país, por detrás de Budapest con apenas 200.000 habitantes), Elke reconoce que «la vida en Hungría es más complicada empezando por el idioma y su cultura».

A pesar del duro desafío, la integrante de la selección nacional subcampeona panamericana en Lima 2019 entiende que está siendo parte de un nivel competitivo destacado que suma para su experiencia profesional. «Me voy adaptando porque si no estás bien en la vida cotidiana, no se puede rendir bien en la cancha. Hay que tener la cabeza fresca para poder afrontar todo», afirma.

En pleno proceso de aclimatación, Karsten destaca la buena voluntad de sus nuevas compañeras (todas húngaras y una montenegrina) para poder hacerle más sencillo el tema de la comunicación. «Las jugadoras, el cuerpo técnico y los dirigentes me recibieron muy bien, estoy muy contenta con el club, pero fue duro porque de un día para el otro llegué a un lugar nuevo donde no entendés nada de lo que hablan. En eso las chicas me ayudaron mucho», cuenta la jugadora de La Garra.

«La ciudad no tiene grandes cosas cerca de donde vivo yo. Es muy linda, muy chiquita, tenemos un zoológico», describe de manera escueta. Pero destaca especialmente que se trata de «una de las ligas más fuertes y más competitivas y eso es un gran paso adelante». En ese contexto, reconoce que «te miran raro por ser una argentina en Hungría y se preguntarán ´¿cómo la trajeron?, ¿de dónde salió?´. Eso siento yo. Quizás no es así». Y remarca: «Sabía que iba a ser duro. A veces tengo mucho tiempo libre y no sé en qué usarlo. El día se hace muy largo. Son momentos. Hay que ponerle ganas porque no todo es facil».

Elke viene de recargar las pilas desde lo emocional en un torneo que disputó en Noruega con la selección y ese encuentro con las chicas del equipo argentino le sirvió para volver a sentirse cerca de casa y disfrutar el hecho de hablar el mismo idioma. Es que en Debrecen el entrenador habla húngaro, sus compañeras manejan el inglés y sólo una de ellas también sabe algo de español. Entre las rutinas de su nueva vida, suele ir al supermercado que está cerca de su casa para comprar en las cajas de autoservicio para no tener problemas de comunicación.

En su tarea de adaptación cotidiana, ahora incorporó la modalidad de ir a entrenar en monopatín eléctrico y suele saludar a los vecinos aunque no pueda charlar con ellos. Cada día es un pequeño gran desafío que forja su personalidad y la ayuda a crecer como persona con la convicción de que es lo mejor para su vida deportiva profesional.

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