El Houssay y el PAMI sin respuesta frente a los contagios

Redacción Ambas instituciones, a las que deberían agregarse el CEMA y otras privadas en las cuales ha circulado el virus, ponen en el centro de la escena el riesgo del sistema de salud.

¿Cuáles son los protocolos y cual el grado de cumplimiento de ellos en instituciones de salud y oficinas del sistema público de salud y de asistencia social?. La multiplicación de casos en el Hospital Houssay, en el PAMI, y ahora también con algún brote en el CEMA, parecen interpelarnos acerca de la prevención que es menester cuando de espacios con alto riesgo de contagios se trata.

Mucho se seguirá discutiendo acerca del relajamiento de los protocolos en el nosocomio de la calle Juan B. Justo, algo que se potencia por las denuncias públicas de los propios trabajadores, y seguramente a ello contribuirán las últimas noticias acerca de contagios en la propia institución madre, el PAMI, que obligan a licenciar a todo el personal y aislar a una profesional del mismo. El fantasma de la falta de capacidad y profesionalismo en el empleo público vuelve a aparecer y son esta vez los hechos y no las teorías privatistas los que lo animan y reviven.

Y no serán pocos los amantes de las teorías conspirativas que verán detrás de los hechos la larga mano del oficialismo provincial y nacional que sigue resistiéndose a que la gestión de Guillermo Montenegro destaque por los resultados conseguidos en la ciudad. Claro que el nivel de irresponsabilidad sería de tal volumen que cuesta demasiado aceptarlo…

Tal vez si el Hospital Modular dejase de ser una anuncio para convertirse en realidad alguna de esas voces podrían acallarse; pero pasan las semanas y el «mañana abrimos» ya suena a un chiste de mal gusto.

Pero debemos ser justos: el riesgo que corre el personal de salud es universal y el índice de contaminación en los lugares en los que presta servicio es superior en todo el mundo al que promedia el resto de actividades. Sin embargo las historias que corren en la ciudad, referidas a establecimientos públicos y también privados, transitan por la falta de equipamiento seguro hasta por aflojamientos en las severas medidas de comportamiento que la situación requiere.

Y también recordar que en clínicas y laboratorios privados de nuestra ciudad, en las que el control no debería tener las difusas características de aquel que lleva adelante el estado con su anónima  burocracia, también se han detectado contagios y en no pocos casos errores de diagnóstico preocupantes.

Por ahora lo único que puede concluirse es que el riesgo de contagio parece crecer cuando el vecino concurre a aquellos lugares en los que se supone debería estar más protegido; y ello demuestra que alguna cosa no se está haciendo bien.

¿Será que otra vez las palabras ocupan el papel que deberían cubrir los hechos?. La historia de la sociedad que dice para no hacer es demasiado conocida como para ignorarla.

¿O es que nuestros gobernantes siguen creyendo que «res non verba» se refiere a uno de sus habituales, bien regados y costosos asados?.

Necesitamos respuestas…y garantías.