El intendente Arroyo y como mentir un superávit desde la ineficacia

Por Adrián Freijo – El intendente presentó el presupuesto del ejercicio 2019 y anunció un superávit de $329 millones. Sin embargo lo que parecería una buena noticia es un disparate.

Vamos primero por la norma general: en cualquier sociedad en la que las carencias a las que el estado somete a sus ciudadanos son tan visibles que se pretenda desde el sector oficial tener un superávit muestra una falta de sentido común preocupante.

¿Para que querría el gobierno acumular una ganancia si no puede cumplir ni con la salud, ni con la educación, ni con los servicios, ni con la obra pública ni con la higiene urbana?.

Dicho esto recorramos los resultados de la gestión Arroyo y concluyamos que si el insólito anuncio del superávit es cierto ello se habrá construido sobre la poda de partidas que hacen en forma directa a la calidad de vida de los vecinos.

No hace falta exprimir demasiado la imaginación para percibir detrás de la movida, una vez más, la impericia y la tozudez de Hernán Mourelle, ese singular personaje que parece decidido a poner cada día en evidencia que General Pueyrredón se encuentra hoy como rehén de sus caprichos y escenario de sus peleas en las que -y esto es una prueba más- todo es válido en la búsqueda de los objetivos. Hasta mentir y pretender como un éxito lo que se ha logrado lastimando intereses de terceros.

Se produjo un recorte a los fondos asignados a las sociedades de fomento, otrora encargadas de tareas de mantenimiento que mucho tenían que ver con la higiene y la calidad de vida de los barrios.

Se retuvo sin utilizar los fondos asignados para el mantenimiento de los caminos rurales, despreciando de esa forma una obligación presupuestaria directamente vinculada con la producción en el partido y con una tarea propia del estado.

Se denunció en reiteradas ocasiones faltantes de remedios e insumos en las salas de atención primaria de salud.

Del mismo modo quedaron expuestas las fallas y carencias edilicias en los establecimientos escolares dependientes del gobierno comunal. Y se recortó la bonificación que desde 1989 recibían los docentes  del mismo.

El sistema de ingeniería de tránsito carece de móviles, grúas, equipamiento y todo lo que necesita para resolver uno de los más graves problemas estructurales que tiene la ciudad.

El estado del palacio comunal es calamitoso, con instalaciones eléctricas precarias, sanitarios destruidos y/o clausurados, falta de calefacción, equipamientos con un deterioro visible y marcado y sin mantenimiento alguno.

Las playas públicas convertidas en verdaderos basurales con colonias de roedores que crecen al amparo de una mugre que ha hecho que se multipliquen por cientos de miles en toda la ciudad y sin un servicio de seguridad en playas contratado y resuelto a pocas semanas del inicio de la temporada.

El Concejo Deliberante sin poder sesionar desde hace casi dos meses por el capricho ilegal de frenar unas pocas recategorizaciones dispuestas en uso de sus atribuciones por su presidente, en un conflicto que representa una suma irrisoria de menos de sesenta mil pesos mensuales.

Y así podríamos seguir hasta el infinito…

Jactarse entonces de un superávit, cuando este se construye en base al incumplimiento de las obligaciones propias del estado, es desconocer el arte de gobernar o hacer gala de un caradurismo imposible de ocultar.

Si a la administración Arroyo le sobra plata es lisa y llanamente porque no hace nada de aquello que está en los cánones de un buen gobierno. Tal vez sea hora que alguien le diga que las decisiones del buen estadista deben estar orientadas a servir a la gente y no a dibujar estados contables de dudoso cuño.

Lo demás es parte de una ficción que ya cansa…