El intendente de Tandil y una decisión que merece ser atendida

Por Adrián FreijoEl intendente de Tandil resolvió aplicar en su distrito una política de aislamiento independiente de lo resuelto a nivel nacional y provincial. El valor de la autonomía.

El esquema que Tandil implementa a partir de hoy establece un «semáforo» con tres escenarios, en los que la autoridad municipal encuadrará la situación sanitaria y las actividades permitidas, tanto en lo comercial como recreativo. En el gobierno provincial su decisión fue tomada con furia a punto tal que el jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco llegó a preguntarse si no estábamos frente al nacimiento de «la república separatista de Tandil«, lo que sonó al menos exagerado.

Sin embargo fue otra de sus frases la que nos mueve a la presente reflexión: dijo el funcionario que «si esa es su postura, que se independice por completo y también deje de pedir recursos a la provincia».

Y esa es la cuestión…desde los gobiernos centrales, nación y provincia, siguen creyendo que los recursos son de ellos y que con un sesgo de dádiva «nos lo dan» a quienes somos en realidad sus verdaderos dueños. Y ello es suficiente para comprender la actitud del intendente Miguel Lunghi y no dejar pasar la oportunidad de dar un debate de fondo del que depende el desarrollo de los municipios y la calidad de vida de sus habitantes.

Los intendentes viven en contacto directo con los vecinos, transitan habitualmente las calles de sus ciudades y conocen como nadie las urgencias y necesidades de la comunidad. ¿Porqué deben entonces depender de un funcionarios ajeno al distrito, sentado a 400 km de distancia, para afrontar sus gastos o planificar sus obras?.

Mar del Plata es seguramente la ciudad mas castigada de la provincia en ese aspecto. Con la complejidad de una gran orbe, con un partido diversificado en su producción e invadido año a año por millones de personas para las que hay que sostener una infraestructura de calles, luminarias, higiene urbana, de servicios, seguridad y salud, tiene sin embargo uno de los índices de coparticipación más bajos y ni siquiera goza de potestad sobre partes fundamentales de su geografía.

La nación se queda con la parte más importante de las ganancias en las salas de juego, la provincia se beneficia con la totalidad de los balnearios de la privilegiada zona de Punta Mogotes, y tampoco tiene beneficios significantes en cuanto a los impuestos que pagan sus propiedades, los accesos por ruta a su ejido urbano, la actividad financiera y bancaria que estalla en los meses de verano y tantas actividades más que sería ocioso citar aquí.

Y ahora, además, depende de la decisión de terceros para administrar una crisis que en lo sanitario se ha vuelto dramática y en lo comercial ya pinta para terminal.

No nos pertenecen lo hospitales, no podemos decidir sobre políticas sanitarias y estamos metidos en un protocolo absurdo que nos equipara con distritos menores o los gigantes del conurbano cuya realidad dista mucho de ser siquiera semejante a la nuestra.

¿Alguien puede imaginarse que un intendente va a tomar decisiones alocadas cuando al día siguiente deberá dar la cara ante sus vecinos?, ¿no puede esperarse más prudencia de quien está las 24 hs. entre nosotros, vive con su familia en la ciudad y no tiene forma de evadir el repudio ciudadano si actúa desaprensiva o irresponsablemente?. ¿No mueven estas circunstancias a creer que es más confiable su criterio que el de un cagatintas que vendrá a Mar del Plata solo un par de veces al año, rodeado de custodios y para actividades acotadas?.

Destacamos entonces la valentía de Miguel Lunghi. Sabe que el futuro será el juez de su decisión pero actuó pensando en sus vecinos y no en su comodidad.

Y tal vez, sin quererlo, mostró el camino de sentido común que deberían seguir todos los municipios de esta provincia unitaria y aplastada por la burocracia y el maltrato.

Y que además está expresado en el espíritu de su propia Constitución.