El intendente y el riesgo de caer en la «gestión-ficción»

RedacciónAparecen algunas respuestas disparatadas y también funcionarios que hablan de una realidad inexistente. Cuidado, la dinámica de la crisis se acelera y no es bueno equivocar la mirada.

La Argentina está en problemas y Mar del Plata está en problemas. Todos estamos en problemas y no saldremos de ellos hasta que no asumamos la realidad tal cual es y no como a nosotros nos gustaría que fuese o como leímos en algún libro que nos pareció más o menos brillante.

La capacidad de los gobernantes para aportar a la solución de esos problemas radica en el porcentaje de contacto con la realidad que pueden mantener aún en crisis y en la batería de medidas alternativas que manejen para atacar, de acuerdo a cada circunstancia, cada problema. La mirada acerca del modelo deseado puede ser inmodificable; los pasos hasta llegar al objetivo, no.

La ciudad se está llenando de actos de ocupación de espacios públicos y la respuesta del estado no aparece. Por momentos es factible creer que esa vieja confusión entre lo privado y lo público -que nos llevó a ser una sociedad incapaz de valorar a uno y otro concepto en su justa medida- ha ganado el ánimo de las autoridades locales y las lleva a no saber, no poder o no querer hacer nada para preservar aquello que todos pusimos en sus manos.

Vivimos una crisis social extendida, dura y dolorosa. Pero no saldremos de ella naturalizando las consecuencia e incorporándolas a la nueva normalidad.

Cada vez que hemos actuado así la distorsión terminó quedando para siempre entre nosotros. ¿O no pasó cuando comenzó a vislumbrarse la cuestión de la venta ambulante, que a la postre terminó apoderándose de toda la ciudad, su plaza central y todas sus playas y balnearios?. ¿Y los trapitos?, ¿y los cuidacoches?, ¿y las «cooperativas» pesqueras?, ¿y los remises truchos?…¿hace falta que sigamos enumerando?.

Como una muestra de impotencia propia del ADN del estado, cada muestra de marginalidad terminó convirtiéndose en una actividad incorporada al conjunto que de esa forma vio crecer, justamente, la marginalidad como parte y contexto. Desde la política no hubo una sola respuesta efectiva al avance de la pobreza; todo se limitó a orientarla hacia la permanencia y esperar que la sociedad se acostumbrase a su presencia.

En un informe especial de Radio Brisas el periodista Beto Mena dio a conocer un nuevo acampe de okupas en espacios públicos y reconocidos de Mar del Plata: en este caso, una familia se instaló en el acceso a las plateas del Estadio Polideportivo Islas Malvinas (foto principal).

No se trata de desconocer el sufrimiento de la pobreza -que debería ser un escándalo moral para cada uno de nosotros- ni caer en la simplificación del desalojo violento y que después cada uno se arregle como pueda. Hay un papel irrenunciable del estado que consiste en buscar urgentemente un lugar de tránsito digno para estas personas mientras se logra una solución permanente a su angustiante situación.

La «familia en situación de calle» que el municipio visualiza en la plaza San Martín

Antes el mismo medio había informado sobre la actitud obscena y agresiva de una de las personas que acampa frente a la Municipalidad y que decidió bajarse los pantalones ante un fotógrafo que documentó la extensión del campamento que se instaló hace dos semanas y ya supera las 10 personas. La única respuesta que se le ocurrió al gobierno municipal fue que se trataba de «una familia en situación de calle», algo que la foto en cuestión parece desmentir.

Las ocupaciones de lugares públicos se multiplican peligrosamente y la inacción del estado aparece como una única respuesta. Casi como si las autoridades tampoco comprendieran que los espacios públicos nos pertenecen a todos, son sostenidos con nuestros impuestos y no pueden por tanto convertirse en lugares de uso y abuso de nadie, por más situación de calle que se esgrima.

Porque frente a ese problema el estado debe disponer un espacio digno para quien padece tan dolorosa realidad, diferenciar bien entre la pobreza extrema y el desamparo y la decisión de vivir al margen de las reglas de convivencia aceptadas por el conjunto y obrar en consecuencia.

No hacerlo, no actuar con la firmeza que la ley permite y a la vez exige, supone el riesgo de caer en la «gestión-ficción» que todo lo resuelve con márketing, estadísticas de dudoso cuño y la anuencia de una prensa amigable siempre dispuesta a modificar la realidad a cambio de una jugosa pauta publicitaria.

«El Estado tiene que ser uno solo y jugar al mismo juego, que es darle seguridad a los marplatenses», expresó el flamante secretario de Seguridad de General Pueyrredon, Horacio García , al tiempo que apuntó a «robustecer el sistema».

Solo dos aportes a su afirmación: tal vez ya sea tiempo de terminar con los diagnósticos y poner manos a la obra y además sería bueno que el nuevo encargado de nuestra seguridad no olvide que todo lo que haya aprendido en su paso por la CABA poco tendrá de valor en un territorio distinto, con una organización social diferente y con un grado de autonomía mucho más limitada.

¿Y si prueba comenzar por algo tan sencillo como desalojar de intrusos el polideportivo y la plaza San Martín?. Después vemos como sigue…

 

Fotos: Gentileza Radio Brisas.