El kirchnerismo logró devolver a la Argentina a la «belle époque»

Por Adrián FreijoAquellos años locos, con ricos desmesurados y pobres hundidos en la desesperación, terminan siendo adorados en el altar de un kirchnerismo que muestra al fin su  rostro.

 

Hubo un tiempo en el mundo en el que las aristocracias, prontamente devenidas en oscuras oligarquías que habilitaron el nacimiento de movimientos sociales que por izquierda y por derecha cambiaron los ejes del poder mundial, manejaban los países como si fuesen sus propias estancias.

Argentina no escapó a esa organización y los ricos estancieros de la pampa húmeda, que habían multiplicado sus fortunas bajo el amparo de la era rosista y las acrecentaron tras la consolidación del territorio nacional en tiempos del roquismo, compusieron una clase acomodada que, a espaldas de las crecientes necesidades de una sociedad que se asentaba junto al puerto como hija de la Revolución Industrial, vivía la ficción de la Europa americana sin saber que solo alimentaba el germen de los grandes cambios que vendrían luego con el radicalismo y posteriormente el peronismo.

Es el periodo comprendido entre 1870 y 1914 conocido como «La Belle époque» que se caracteriza por un sentimiento optimista, lleno de satisfacción, presidido por la elegancia y el refinamiento. Ahora el kirchnerismo ha logrado algo similar ya que si entonces esas características estaban reservadas a la más rancia oligarquía vernácula, hoy tales privilegios son aplicables a una nueva casta «superior» integrada por la dirigencia política que, eso si, es muy optimista y autosatisfecha aunque, en materia de elegancia y refinamiento, estaría debiendo algunas materias.

La otra notable diferencia está dada en que aquella aristocracia dio al país algunos estadistas de nota como Julio Argentino Roca o Carlos Pellegrini mientras esta caquistocracia -el gobierno de los peores- nos hace conformar con calafateados y estridentes personajes como los que, empapados en fuertes perfumes importados y alardeando sus fortunas y mujeres, pueblan los salones de la casa de gobierno convirtiendo cada encuentro en una maratón de mal gusto y chabacanería.

En lo demás no hay muchas diferencias con aquellos años fundacionales de la petulancia nacional…

El 19 de marzo de 1919, ya en el apogeo de «la belle époque», se produjo la masacre de Fortín Yunká, al norte de la actual provincia de Formosa, conocido como el último gran malón en territorio argentino. Pero en los diez años anteriores, mientras corría el champagne y el lujo en los centros del poder porteño, al sur del Río Colorado, en la mesopotamia argentina y con cierta frecuencia en algunas zonas de la provincia de Buenos Aires las últimas indiadas seguían atacando los nuevos poblados e intentando sentar presencia en un territorio que pretendían arrancar a los nuevos tiempos y al progreso.

Hoy el kirchnerismo ha logrado que, lejos de las costosas mesas y viviendas de su amado Puerto Madero,  los malones sean nuevamente una noticia que conmueve desde el sur y plantea, como antaño, una creciente incapacidad para resolver su presencia. ¿Se acerca el momento de encargar a Sergio Berni una nueva Campaña del desierto para rescatar tierras que quieren ser birladas por los mapuches al territorio nacional?. Todo es posible en la Argentina y en quienes la gobiernan…

Por lo demás, la situación de la sociedad argentina – en la que el peronismo también tiene una fuerte cuota parte de responsabilidad por la cantidad de años gobernados desde el retorno de la democracia- es hoy muy similar a la existente en aquellos años a los que los amantes de los números llaman de oro mientras quienes creemos que el desarrollo exige el equilibrio moral entre crecimiento y movilidad social ascendiente seguimos viendo como la gran oportunidad perdida, por lo que solo un cambio de paradigmas podrá completar la tarea siempre inconclusa de construir un país.

Argentina ingresó al Siglo XX con una economía heredada de la época colonial y con bajos niveles de productividad. Esa vieja estructura coexistió con otra, moderna, agraria, ubicada en las pampas con trabajos más calificados y atractivos de mano de obra inmigrante europea.

Esa configuración desigual se vio reflejada también en los niveles de educación que, a forma de síntesis, dejó al país con bajos niveles de capital humano.

Y eso comenzó a pasar factura, año tras año, década tras década, de la misma forma en que lo hace hoy cuando las diferencias entre el acceso al conocimiento de las clases acomodadas y aquello con lo que deben conformarse los niños y jóvenes que dependen de la educación estatal se ha convertido ya en el problema de nuestros hijos y nietos y explica por qué Argentina nunca será un país desarrollado.

Si hasta en lo que parece anecdótico el gobierno ha logrado depositarnos en aquella «belle époque» y sus peores vicios: entonces las clases acomodadas viajaban en costosos paquebotes a Europa y ello era tomado como muestra de poderío y privilegio, y hoy la administración de Alberto Fernández resolvió prohibir que las tarjetas de crédito financien viajes y gastos en el exterior, dejando solo a quienes dispongan del dinero suficiente para desembolsar  miles de dólares cash la chance de salir al mundo.

Así, entre malones,  viajeros exclusivos, costosas bacanales solo reservadas a los elegidos del poder, centros y zonas lujosas a metros de miserables asentamientos, una educación de calidad solo reservada a los más ricos y un país que ingresó también al siglo XXI dando la espalda al mundo, el kirchnerismo tiene el dudoso privilegio de haber reinventado la belle époque en la Argentina.

«Chicos, estamos en Harvard, por favor, esas cosas son para La Matanza, no para Harvard» supo decir una dama de la extravagante nueva sociedad nacional. Tal vez debimos comprender que lo que así afirmaba escondía todo un plan de gobierno fríamente meditado, como pudo imaginarlo algún capitoste conservador hablando en Oxford en los albores del siglo XX.

Y al parecer, la chispeante señora logró largamente su objetivo de crear una sociedad a imagen y semejanza de aquella «belle époque»