Gallardo convertido en el mejor defensor del modelo Boca

RedacciónMientras el periodismo interpreta cada palabra del DT millonario nadie se da cuenta de lo que realmente pasa por la cabeza de un hombre que encuentra respuestas en la vereda de enfrente.

Marcelo Gallardo es River. Desde la cuna y hasta el tuétano…

Nadie como él supo interpretar la necesidad de un club alicaído, endeudado, desprestigiado por el descenso, las peleas entre facciones de su barra, la falta de presencia internacional y, sobre todo, la pátina de gloria que cubría a su eterno rival, aunque al momento de asumir el «Muñeco» la conducción futbolística del club ya hacía mucho que Boca vivía gastando los ahorros de la era Macri-Bianchi.

Poco tuvo que andar para revertir la historia y darle algún sentido a la primera estrofa del himno millonario cuando sostiene que «el más grande sigue siendo River Plate». Y esta vez lo hizo por el camino más sólido y sin desvíos: ganó todo pero además se encargó de, en cada caso, tirar a la banquina de un cachetazo al fantasma «xeneixe» cuya historia tornó en lo que tantas veces había utilizado para llevar al escarnio a su clásico oponente; Boca se volvió perdedor de finales y quedó reducido a un campeón de cabotaje.

Por todo eso no es arriesgado suponer que, aún sin trabajo y en la mayor necesidad, el técnico millonario jamás podría sentarse en el banco del club auriazul, ni para probar si es mullido.

Pero algo no está funcionando bajo la superficie. Mientras se acumulan las vueltas olímpicas y en cada una de ellas aparecen jóvenes figuras potenciadas por el entrenador y surgidas de las entrañas del club, River lleva adelante una errática política de compra y venta de jugadores que sorprende a propios y extraños.

¿Cómo es posible acumular un déficit financiero semejante, deber a sus jugadores importantes sumas de dinero y no poder acceder al mercado de pases en busca de figuras de primera línea cuando desde hace un lustro el club no deja de coronarse campeón, cansarse de vender merchandising y mejorar año a año sus ingresos por las transmisiones televisivas?. ¿Sabe el lector que por ser Campeón de América y llegar a dos finales consecutivas River embolsó más de U$S 30 millones de dólares?, ¿qué por participar del Mundial de Clubes trajo a la Argentina otros U$S 6 millones?, ¿qué vendió jugadores por U$S 120 millones y compró por «apenas» U$S 60 millones?.

Un estado de quebranto imposible de explicar, salvo si aceptamos que la institución de Nuñez es hoy poco menos que una ciudad, con instalaciones, escuelas, universidad, centro de alto rendimiento, mini y micro estadios, pensión para deportistas, medios de comunicación propios y mucho más. Pero que a la hora de pedir respuestas a tanto esfuerzo y resultado deportivo consigue que nada de lo que Marcelo Gallardo necesita para asegurar la continuidad de su ciclo exitoso sea posibles de entregar.

Y en tanto Boca. achicado y sometido a convulsiones internas que hoy en River son inexistentes, sigue convertido en una locomotora económica, pletórica de capital y rentabilidad, al día con sus jugadores -que además cobran salarios equiparables a los de equipos europeos- y se mantiene desde hace más de una década entre las veinte instituciones más poderosas del planeta.

Claro que habrá que ver si la nueva administración es capaz de mantener el ciclo económicamente virtuoso de la que inició Mauricio Macri y continuó Daniel Angelici y retomar también la senda de los triunfos deportivos. El ex presidente de la nación lo logro -de la mano de Carlos Bianchi, con un ciclo tan impactante como el de Gallardo y con más triunfos nacionales e internacionales- sabiendo equilibrar entre lo deportivo y lo institucional. Su sucesor solo pudo consolidar el poderío económico.

Pero hoy el Muñeco está exigiendo que se siga aquel modelo de acumulación económica y deportiva. Anuncia a cada paso que ya no será posible seguir ganando todo si le retiran de la cartelera las películas candidatas al Oscar y se las suplantan por filmes clase «B». Y que en algún lado tiene que estar el dinero que él supo generar con la pelota y que se escapó por los intersticios de vaya a saber uno que otros proyectos e intereses.

En buen romance, avisa que allí enfrente, al borde del Riachuelo, hay un club al que «su» River ha condenado a la mínima expresión y frente al que se sacudió el complejo de inferioridad de tres generaciones de simpatizantes rojiblancos, pero que sigue ganando por goleada el campeonato económico a punto tal que parece poder darse el lujo de seguir probando con la ecuación «acierto-error» hasta volver al camino del éxito que le dio semejante solidez.

Y sacude en las narices de Rodolfo D’Onofrio y la dirigencia ese nuevo apotegma que en los últimos meses da vueltas en el mundillo del fútbol: «si Gallardo hubiese tenido detrás a Macri o Angelici…reíte del Barcelona».

Y por eso se atreve a pedir que, al menos una vez, se copie el modelo, se vuelque en el fútbol lo que el fútbol produce y se construya una solidez institucional y deportiva a la medida del éxito logrado en los campos de juego.

No vaya a ser que llegue la mala deportiva y, mirando alrededor, ya no haya ni  pan, ni tortas…ni dinero para comprarlos.

¿Se entiende?…