EL PAÍS QUE VIVE EXPLICANDO LA VIOLENCIA

Violencia política, violencia callejera, violencia en el delito, violencia contra la mujer, violencia en los medios, violencia en el lenguaje. Y para todas tenemos siempre un culpable y un pretexto.

 

Lo ocurrido al presidente Alberto Fernández en Chubut no es otra cosa que un nuevo capítulo en la incesante historia de violencia que caracteriza a la Argentina desde ya hace demasiadas décadas.

Y as reacciones posteriores, sobre todo en la sociedad de a pie que se expresa por las redes sociales o en el diálogo familiar y entre amigos, no hace otra cosa que potenciar una preocupación que debería dejar de serlo para meternos en el tiempo de la ocupación para resolver esta cuestión que nos lleva irremediablemente al abismo.

El día en que el auto de Macri fue atacado en Mar del Plata

Porque mientras la dirigencia publicaba repudios  de manual -de esos que rara vez acompañan con actitudes cotidianas- la gente se dividía, una vez más, entre los que repudiaban el ataque, aunque no lo hayan hecho cuando la víctima fue en una visita a nuestra ciudad Mauricio Macri, y los que lo justificaban por las irregularidades en el proceso de vacunación, las presiones sobre la justicia para consagrar la impunidad en actos de corrupción o cualquiera de los pretextos a los que se puede echar mano a la hora de explicar lo inexplicable: una sociedad supuestamente civilizada expresa su descontento apedreando el auto presidencial y poniendo a su ocupante, de uno u otro color político, en fuga.

Por la mañana de este aciago día un grupo de propietarios de kioscos y librerías habían anunciado que en sus negocios no se permitiría la venta del libro «Primer tiempo» del ex presidente…

Por la noche el ex ministro de Salud Ginés González García debió abandonar un restaurante al que asistía con su esposa por la actitud violenta, intemperante y fascista de un grupo de comensales que se sintieron con derecho a juzgar y condenar su presencia…

Ginés González García vivó un feo momento junto a su esposa

Dos hechos violentos tan deleznables como el que hoy ocupa la portada de los diarios. Pero en la Argentina, ya lo sabemos, solo el más destacado se convierte en protagónico y todos los demás esperan su oportunidad de difusión en letra de molde.

Porque mientras las piedras volaban contra la cabeza de un presidente, se censuraba la producción literaria de otro y se resolvía que un ciudadano no podía mantenerse en un local gastronómico, morían mujeres víctimas de dos nuevos feminicidios, se interrumpía el paso de argentinos en calles y rutas, se escabullían vacunas destinadas a personal de salud o con enfermedades de base para beneficiar amigos y militantes y se multiplicaba el lenguaje agresivo con el que convertimos al adversario en enemigo y lo señalamos como un blanco sobre el que disparar odio…o algo más contundente.

Todas formas de una violencia que ya se ha convertido en parte del ser nacional, ese que tantas veces cacareamos y tan pocas logramos explicar.

Bueno…aquí lo tenemos, explícito y consolidado entre nosotros. Porque no es otra cosa que tener siempre a mano un culpable y un pretexto.