El peligro de convertir la causa Malvinas en parte del relato

Por Adrián FreijoLa cuestión Malvinas promueve la aparición de un relato propio de la ficción que enamora y caracteriza al gobierno argentino. Cuidado con caer en la trampa.

La fuerte campaña del gobierno de nuestro país pretendiendo que el reciente acuerdo entre el Reino Unido y España por Gibraltar favorece el reclamo argentino en Malvinas supone la intención de convertir también esta causa de todos en parte del relato-ficción que suele tapar la realidad de lo que ciertamente ocurre.

Daniel Filmus, encargado de llevar adelante la cuestión Malvinas en la administración de Alberto Fernández y sin muchos antecedentes en el tratamiento del tema, cree que la negociación entre las dos potencias europeas es «otra muestra del debilitamiento británico en sus políticas coloniales» y que abre una puerta a nuevas negociaciones en las que la posición argentina podría tomar más fuerza.

Nada más lejos de la realidad y tan solo otra de las interpretaciones forzadas y capciosas de quienes creen que el mundo entero se acomoda al insostenible y permanente relato de un país capaz de inventarse una historia que nunca fue, resolver situaciones en el aire y hasta crear nuevas reglas económicas capaces de empujarlo al estallido, el atraso y la miseria mientras festeja una supuesta «liberación».

Gran Bretaña afronta por estas horas un problema devenido del Brexit, que es que sus enclaves coloniales de ultramar dejan de tener la protección del Tratado de Lisboa, que les confiere el mismo status que un Estado parte. Y por razones obvias esta cuestión afecta tanto a Malvinas como al legendario peñón que durante siglos fuese la puerta de entrada a Europa.

Hay aquí una primera y no menor diferencia: una ubicación geográfica de privilegio, en el caso de Gibraltar, frente a otra que supo ser estratégicamente importante en el apogeo de la Guerra Fría -aunque nunca central- y que hoy va dejando de tener interés primordial para las grandes potencias, al menos en lo inmediato.

A lo que se suma la diferencia de peso en la política internacional, y esencialmente la europea, que existe hoy entre España y la Argentina y el hecho de que el origen de la disputa es notoriamente diferente.

Efectivamente, durante la guerra de sucesión española (1701-1714), España firmó junto a Países Bajos y Gran Bretaña, el llamado Tratado de Utrecht, un acuerdo de paz mediante el cual cedió el territorio que entonces ocupaba Gibraltar al Reino Unido. Argentina, en tanto,  sostuvo su reclamo en los 188 años que lleva la ocupación forzada que tropas británicas llevaron adelante en las islas del Atlántico Sur en 1833.

Y aunque hoy las una su pretensión soberana sobre ambos territorios -Argentina tiene junto a España firmado un acuerdo de reconocimiento mutuo de soberanía sobre esos territorios, que incluye el compromiso de trabajo conjunto en los organismos multilaterales- las diferencias en el origen de ambos conflictos, la situación geográfica de ambos enclaves y de los países reclamantes y el hecho de que en el caso Malvinas aún pesa una guerra de reciente data a la que se ha sumado una importante razón comercial devenida de la explotación pesquera y la proyección petrolera, hacen a las profundas diferencias existentes en ambos temas.

La postura argentina cuenta con el respaldo de foros multilaterales que a través de numerosas declaraciones insistieron en el llamado al diálogo, entre ellos, la OEA, el Grupo de los 77 + China, la Cumbre Iberoamericana, la Celac, el Mercosur, el Parlasur, la Cumbre África-Sudamérica (Asa y la Cumbre América del Sur-Países Árabes (Aspa). Mucho desarrollo territorial pero aún poco peso específico en la política mundial, más allá de la presencia entre ellos de China que, justo es decirlo, no tiene por estas horas a Malvinas como prioridad de su política exterior.

En resumen, sería prudente no tejer historias, ficciones o relatos acerca de un tema tan delicado al sentimiento y los intereses del pueblo argentino. Antes bien nuestra cancillería debería comenzar a pensar políticas de integración real con las islas ya que es cierto que por el Brexit el archipiélago perderá los beneficios comerciales, impositivos y aduaneros en el intercambio de los isleños con los países del bloque comunitario. Y eso marca sin dudas una oportunidad de acercamiento a los kelpers y sus necesidades al mismo tiempo que u n elemento más de negociación con Gran Bretaña.

Pero no mucho más…y es bueno que lo sepamos, nos armemos de paciencia -esa que hace a la construcciones de las naciones- y actuemos en consecuencia.

Hechos…no palabras.