El precio de la mentira de «alinear Mar del Plata»

Por Adrián FreijoCuando varios candidatos locales hablan de la necesidad de «poner a Mar del Plata en sintonía con la nación y la provincia» faltan el respeto a nuestra historia.

Mar del Plata tiene una larga historia de autonomía política de los poderes centrales de la provincia y del país. Y pese a ello ha crecido en más de un siglo como ninguna otra ciudad de la Argentina, desarrollando su industria, su comercio, su turismo y sus instituciones sociales, deportivas y de cualquier tipo.

Si posamos nuestra mirada en los años en los que el círculo virtuoso del desarrollo tomó mayor impulso veremos que fueron aquellos en los que los gobiernos locales destacaban por una fuerte impronta localista y estaban en manos de hombres con capacidad y sabiduría para plantarse frente a los poderes centrales con firmeza, ideas y personalidad suficiente para hacer valer el peso de una ciudad que poco a poco fue convirtiéndose en un centro regional capaz de impulsar nuevos conglomerados urbanos como Batán, un cordón frutihortícola y agroganadero de los más potentes de la pampa húmeda y hasta una industria láctea que en los 50, 60 y 70 supo ser de punta en todo el país.

Sin olvidar el desarrollo textil, la pesca y la industria de la construcción que supo batir todos los récords entre los 50 y 70, llegando en alguno de esos años a ser la más prolífica del mundo entero.

La decadencia, ese fenómeno sostenido en el tiempo, comenzó en los años del Proceso de Reorganización Nacional cuando nos fueron quitados altos porcentajes de coparticipación, nuestro dominio sobre playas y riberas y sobre todo el derecho a fijar nuestras propias prioridades en materia de obras e infraestructura.

Comenzaba ese alineamiento que en un principio fue impuesto, luego aceptado y ahora promovido descaradamente.

Si alguna vez queremos dejar atrás la lógica del retroceso deberemos antes hacerlo con la de la dependencia. A nadie se le ocurre que sea posible encarar una acción de gobierno a espaldas o enfrentados con los poderes centrales y la gestión comunal que llega a su fin es un triste ejemplo de ello.

Pero una cosa es negociar, proponer proyectos sólidos y estudiados, comunicar a los gobiernos de nación y provincia un plan de desarrollo que atienda las necesidades estratégicas que nos fijemos los marplatenses y batanense y otra muy distinta pregonar el alineamiento como una necesidad vital sin el que nos resultaría imposible retomar el camino del que fuimos apartados por la ambición de muchos y la desidia de otros tantos.

Tal vez sea fácil para muchos que ansían llegar a ocupar el despacho principal de la comuna esconderse tras el arrastre electoral de candidatos y fuerzas nacionales -seguramente ante la falta de trayectorias y valores personales que mostrar- pero el ciudadano marplatense no debe dejarse engañar por tales afirmaciones: somos hijos de una ciudad muy grande, con un potencial poderoso y que ya ha demostrado por más de un siglo su potencial de crecimiento y su talento para el desarrollo.

Todo lo que comenzamos a perder cuando «descubrimos» que la salvación iba por el camino del alineamiento y la sumisión política.

Un verdadero disparate…