El procesamiento que muchos esperaban y que nunca llegó a ser

Por Adrián Freijo – Cultores del “efecto carroña” soñaban con la resolución de Bonadío sobre intendentes involucrados en la causa cuadernos. Se conocen los nombres y el “esperado” no está.

Alguna vez tendremos que aceptar como regla inmodificable que atacar el honor de los hombres públicos por chismes, insinuaciones o deseo de verlos destruidos es un atentado a la democracia similar a un golpe de estado. El prestigio personal no debe ser un escalón previo a debatir su capacidad o la falta de ella para administrar los bienes comunes.

Claro que es más fácil descalificar a quienes gobiernan atacando esa membrana tan sensible a un pueblo esquilmado, traicionado en sus ilusiones y siempre sujeto a los efectos de la demagogia, la denuncia fácil y cierta tendencia morbosa al escándalo. Y por supuesto que supone un atajo tentador quitar del medio al oponente mostrándolo a los ojos de la sociedad como un corrupto que utiliza el poder en beneficio propio, mientras la gente padece las consecuencias de la mala, o nula, acción de gobierno.

La administración de Carlos Arroyo ha puesto en evidencia el mal uso de todos los vicios que la gente endilga hoy al ejercicio de la democracia que se hace desde el poder: nepotismo, falta de planificación, impotencia frente a los problemas antes que estrategias para evitarlos y esa costumbre maléfica de sostener que nada puede hacerse por culpa de  “la herencia recibida”.

Y para consolidar esa estrategia no ha hesitado en pagar inexplicables sumas a periodistas “amigos” que se limitan a ser publicistas de una realidad inexistente y que no dudan en estafar a la opinión pública a cambio de unos inmundos pesos que sostienen su bienestar personal sobre las carencias de miles de ciudadanos. Y que cuando este país estalle en sus miserias y salga a pedir rendición de cuentas deberán mirar a la cara a sus hijos y explicarles porque la sociedad desprecia sus nombres, sus historias y sus argumentos.

Este gobierno y esos periodistas esperaban que Gustavo Pulti apareciese entre los intendentes procesados por haber sido parte de la corrupción kirchnerista y recibir beneficios personales por hacer la vista gorda en sobreprecios, desvíos de fondos y malversación de fondos públicos. Tan seguros estaban que lo anunciaron durante meses como algo que ya estaba por llegar…

No les bastó con que aquellas denuncias preliminares sobre mal uso del erario municipal terminasen en un avalancha de sobreseimientos que demostraban que ningún mecanismo espurio había sido usado durante ocho años de gestión. La “Causa Cuadernos”, en manos de un juez que busca enconadamente condenar a todos los que aún por omisión hayan sido parte de un entramado de delitos contra la administración pública, acaba de resolver el procesamiento de 92 intendentes en cuyos distritos se supone que los retornos e irregularidades fueron concretado. Y en ningún caso aparece el nombre de Gustavo Pulti, al que por el peso específico de Mar del Plata los fiscales buscaron hasta la obsesión.

La expectativa de los escribas comprados, el prejuicio interesado del oficialismo, la denuncia fácil y sin sustento alguno, quedaron así como maniobras que ni siquiera encontraron la posibilidad de la prueba forzada, la interpretación rebuscada y la complicidad “de la mitad de la biblioteca” que siempre está a disposición de quienes han convertido a la Argentina en el reino de la impunidad y la persecución política. Nada de eso concurrió en ayuda de quienes nada han hecho para mejorar la calidad de vida de los marplatenses y batanenses y solo han encontrado en la excusa su razón de ser.

¿Quiere el ciudadano saber de su ex intendente?…no mire lujosas residencias ni busque cuentas millonarias en el exterior. Observe cada mañana el recorrido de un camión de reparto de su acotado emprendimiento familiar y verá a quien gobernó durante ocho años la ciudad y hoy se gana la vida trabajando como cualquiera de nosotros manejándolo y cumpliendo con la provisión de sus clientes.

Bonadío habló y señaló a quienes él cree parte de la corrupción; y para desasosiego de muchos Pulti no está ente ellos. ¿Dirán ahora que su juez estrella ha sido comprado?.

Entienda bien el lector: esta no es una nota a favor de Gustavo Pulti; es un simple acto de justicia emanado desde un periodismo añejamente comprometido con la verdad…aunque ella pueda no gustarnos.

Y un intento, uno más, de que el ciudadano entienda que solo cuando quienes informamos y quienes administran justicia dejen de acomodarse a los dictados del poder de turno podremos avanzar en la reconstrucción del tejido social, sin el que la democracia se convierte en una cáscara vacía de contenido.

Alguna vez Teodoro Bronzini fue acusado de defender los intereses de  de la Cooperativa de Electricidad por denunciar el vergonzoso contrato con la Compañía Argentina de Electricidad (CADE); más acá en el tiempo Luis Nuncio Fabrizio fue denunciado por sostener los intereses de Mar del Plata en el escándalo del Bristol Center y a Elio Aprile le endilgaron torpemente propiedades a los largo del mundo que nada tenían que ver con el viejo hogar familiar en el que lo sorprendió la muerte prematura sin haber agregado un solo bien a su patrimonio tras una gestión plena de obras millonarias..

La maledicencia y la denuncia fácil siempre fueron parte de la historia argentina. Pero ya es hora de que cambiemos y comprendamos que en el cuidado del honor de los inocentes se cimienta la seguridad de los más débiles.

O sigamos pretendiendo que Bonadío acierta cuando procesa a quienes no nos gustan y es un mentiroso cuando no lo hace con aquellos que no nos son simpáticos.

Para lo que deberemos aceptar que vivimos en un país en el que el poder representa impunidad y perderlo indefensión.

Yo me niego…