El que nunca se fue y la que nunca volverá

(Escribe Adrián Freijo)Con el patetismo que marca la historia argentina, en un mismo día hubo dos «puebladas» para apoyar el retorno de uno que nunca se fue y la vuelta de la que no volvió.

Un grupo de argentinos que no suponen más que el 0,01% de los amantes del fútbol se autoconvocaron en diferentes lugares del territorio nacional par reclamar que Lionel Messi «vuelva» a la selección nacional de la que formalmente no se fue nunca.

Otro, equivalente al 0,0001% del padrón electoral se empapó en Aeroparque para festejar el «retorno» de Cristina desde las tierras de Néstor, Lázaro, Alicia y Cía. para liderarlos hacia la Revolución de los Monasterios y cumplir con el «volveré y seré millones».

Sin embargo serán titulares de diarios y tema central en los canales y radios, pretendiendo que semejante demostración de la nada es un tema central de los argentinos. Y tal vez, por suerte o por insistencia, logren convencernos de que es así.

Messi descansa en playas tropicales, cobijado por un hotel de U$S 2.500 la noche y esperando para volver a una actividad que le deja tantos millones de dólares que hasta hay margen para birlarle algunos al fisco español y muchos más a la Argentina a través de una dudosa fundación que hoy está en la mira de la justicia tras una denuncia de la AFIP que Macri en persona frenó para evitar que los muchos conciudadanos que creen que sus objetos de culto fanático pueden hacer lo que se les antoje, puedan enojarse con él.

Cristina pasó las últimas 24 horas entre tres de sus lujosas viviendas en un país que tiene un déficit de idem que llega a los 2.500.000 unidades.

¿Porqué habrían entonces dividirnos?, ¿porqué tenemos que creer que el que no gana campeonatos por lo que fuese y la que deja un país aislado, empobrecido, sin reservas y sin créditos y con seis millones de personas que subsisten de la ayuda estatal son víctimas de las circunstancias?.

No nos engañemos; la exigua concurrencia a uno u otro sarao demuestra que en el fondo somos menos estúpidos de lo que creen quienes se sienten intérpretes de la sociedad.

La «abogada hot» bailando con Tinelli, Oyarbide en la mesa de Mirtha, las caricaturas graciosas de López, Lázaro, Aníbal, Boudou o D’Elía o las tibias demostraciones de arrepentimiento de tantos «inocentes» que se apropiaron de millones de pesos de los argentinos al amparo de una asociación ilícita encaramada en el gobierno nacional -sin importar si son actores, intelectuales, sindicalistas, funcionarios o periodistas-  son las últimas expresiones de soberbia de un país que nunca volverá a ser el mismo y que comienza a dar señales de que, esta vez, no está dispuesto a dejar que argumentos leguleyos lo priven de la necesidad de ver a tanto impresentable entre las rejas.

Y la impresentable AFA – a la que sostuvieron a cambio de unos pocos pesos los mismos periodistas que hoy la condenan- siga avalando una gigantesca operación de «lavado de realidad» que pretende que esos jugadores mismos que resuelven entre cuatro paredes quienes pueden o no integrar la selección de acuerdo a que les caigan o no simpáticos (Tévez, Icardi, Barovero, Orión y muchos otros saben a que nos referimos) , nada tienen que ver con un plano inclinado imparable que nos convierte desde hace 23 años en «la eterna promesa» que siempre se queda abrazada a la nada.

Y esto es así aunque se repitan las módicas manifestaciones, las multipliquen los medios nostálgicos de la pauta oficial y las asuman como importantes los cada vez menos nostálgicos que siguen intentando convencerse que no fueron tomados como idiotas útiles por una charanga delictual que necesitaba «tribuna» para seguir con sus negocios.

En tanto el mundo sigue andando y parece cada vez menos interesado en el relato y más abocado a la búsqueda de la verdad.

Con puebladas o sin puebladas.