El riesgo de superar el porcentaje de bosta en los ladrillos

Escribe Adrián FreijoPerón repetía que «las casas se hacen con ladrillos y los ladrillos con bosta», una forma de justificar el hecho de tener gente deshonesta cerca. Cuidado con creerlo.

No era bueno aquel pragmatismo del líder justicialista, nunca es bueno tratar de justificar la deshonestidad con el subterfugio de decir, aunque en forma indirecta, que se la tienen detectada y controlada.

La deshonestidad se agazapa y sobrevive; si el liderazgo la imita ya no es liderazgo, es complicidad.

Y de la mano de aquella picaresca criolla, que muchas veces escondía la intención de disimular la facilidad con la que personajes impresentables se filtraban en el movimiento y en su propia cercanía, el creador del peronismo terminó por convertir a su criatura en un monstruo de mil cabezas, no solo desde lo ideológico sino también desde lo moral.

Peronista se puede ser desde la izquierda o desde la derecha, del intelecto o del músculo, de la universidad o de la fábrica. Pero también se puede ser desde la honestidad o la ausencia absoluta de valores éticos. Y lo más triste es que nadie se dará cuenta.

Por estas horas todo un gobierno pretendidamente peronista camina los tribunales involucrado en inagotables causas de corrupción. Y esa marcha es encabezada por las máximas figuras que encarnaron el poder que se retiró apenas hace unos meses.

Pero cuidado…hasta el momento los dedos acusadores son los de  personajes como los hermanos Lanatta o Pérez Corradi, representantes de un hampa prostibulario al que no podemos convertir en basamento de la nueva Argentina de la transparencia.

Todos sentimos esa dolorosa sensación de haber sido esquilmados por el poder. Pero no podemos construir venganza (ya no justicia) a cualquier precio.

Si aquel sagrado principio del derecho –insoslayable a la hora de construir una república ajustada a la ley– que dice que a todos nos cabe el beneficio de la duda y que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario es cierto, debemos tener cuidado en convertir a estos malvivientes en fiscales de la nación tan solo porque dicen cosas que caen bien a nuestros oídos.

Acostumbrados al escrache, al anónimo, al chisme sin fundamento que solo busca desprestigiar a alguien y que asumimos si así nos gusta que sea, no podemos correr el riesgo de no aferrarnos a los mecanismos de la ley y hacerlos carne en quien haya demostrado respetarla y honrarla, si es que queremos llegar alguna vez a la costa de la justicia.

Y no hacerlo nadando sobre la espalda ocasionalmente cómoda de un delincuente que dice estar arrepentido tan solo para mejorar su situación personal frente a la acusación de haber cometido un delito.

Porque el mismo que sin proponérselo abrió la puerta al vacío ético del poder político, solía repetir como una verdad a voces que «dentro de la ley todo, fuera de la ley nada».