El sacerdote Pedro Opeka postulado al Nobel de la Paz

El padre Pedro Opeka, conocido como el Santo de Madagascar, ha sido postulado para el reconocido galardón por su trabajo entre los pobres en aquel mísero lugar de África.

 

Este año, al igual que en varias oportunidades anteriores, el padre Pedro fue propuesto como candidato para el premio Nobel de la Paz 2021. Su candidatura la formalizó Janez Jansa, el primer ministro de Eslovenia -el país de origen de sus padres-, quien justificó su apoyo al cura argentino por su dedicación a “ayudar a las personas que viven en condiciones de vida espantosas”.

En julio de 2018 Pedro Opeka visitó Mar del Plata y se reunió con los fieles en la Catedral invitado por el obispo Gabriel Mestre. Allí recordó su trabajo y su experiencia de vida  y dejó el testimonio de lo realizado desde joven hasta su realidad actual y cómo se fue comprometiendo con la vida y el pueblo de Madagascar, sobre todo en el basural.

Entre otras cosas recordó que «una persona me pidió si la podía ir a ver al basural, y ví un millar de niños que estaban allí disputándose la basura con los animales, me quedé mudo fue como un electroshock. Esa noche no podía dormir, levanté las manos, y digo Señor dame la fuerza, ayudame para poder hacer algo por esos niños, sentí una fuerza. Al otro día, fui al basural, y hablé con ellos, y me presenté como sacerdote misionero. Sentado en el suelo, compartiendo con ellos, empezó este movimiento de solidaridad que hoy se llama Akamasoa, «los buenos amigos» y que traspasó las fronteras de Madagascar. Yo les dije, si aman a sus hijos los ayudaré, y me miraban…había que hacer todo para no defradudarlos, porque ya los habían defraudado» relató Opeka y añadió, «pusimos un pie en un basural, y no nos fuimos más, allí nos quedamos. Porque pusimos ese pie allí, hemos comenzado a construir una ciudad con 18 pueblos, peor lo más importante es que ellos mismos eran y son los agentes de su propio desarrollo».

En un momento de su charla, se refirió a que muchos lo llaman el «santo de Madagascar»: «Cuando haces tu deber en tu casa, tu familia, tu barrio, sos un santo; cuando haces y vivís de la verdad, por la verdad; sos un santo, sos una santa. Yo no soy más santo que ninguno de ustedes…siempre seré un sacerdote de Jesús en medio del pueblo por el pueblo y diciendo la verdad, que siento en el corazón por la fuerza de Jesús».

También relató que fue el fútbol que “siempre le abrió puertas en todas partes sobre todo en Madagascar”, y que lo habían invitado a participar del equipo de fútbol de la ciudad. “Allí corriendo bajo el sol a 40 grados, tenía una fuerza y una pasión, corriendo y haciendo goles. Por primera vez veían a un blanco correr, recibir patadas y festejar juntos con otros jugadores, porque un gol no se hace sólo, se hace en equipo”.

Perfiles y vivencias de un hombre santo al que ahora se lo postula para el Premio Nobel de la Paz y que supo pasar por nuestra ciudad dejando la huella de su vida ejemplar.