Violación en “El Durazno”: una fallo contra el “algo habrá hecho”

Por Adrián Freijo – La causa por la violación de una menor en el camping “El Durazno” y la resolución tomada por el juez que la atiende, es una para plantear vicios que vienen desde lejos.

El juez Saúl Errandonea hizo lugar a la medida cautelar solicitada por la Asesora de Incapaces N° 1 Dptal. Dra. Silvia Fernandez quien le solicitó prohibir a los medios de difusión todo comentario acerca de la intimidad, la vida sexual o las relaciones intrafamiliares de la menor abusada por los cinco surfers en el cámping “El Durazno” en las cercanías de Miramar.

Del mismo modo ordenó a los medios digitales no abrir foros de opinión a sus lectores en lo referido al mismo tópico, por considerar que la violencia de los comentarios allí vertidos revictimiza a la niña y viola todos los derechos vigentes para los menores de edad.

Una resolución sólida, fundada y oportuna que evita la continuidad de una perversa sucesión de abusos y comentarios que, sin fundamento alguno, ponen otra vez en evidencia la profunda enfermedad moral que padece un soctor no menor de la sociedad argentina que siempre busca el atajo de culpar a las víctimas de los hechos padecido por parte de los victimarios.

Y que nos obliga a todos a un debate acerca del uso responsable de la libertad de expresión, que debe ser garantía de los derechos ciudadanos y no vía de impunidad a las peores miserias humanas.

En todos los últimos y notorios casos de abuso, en todas las tipificaciones posibles, se observa una enfermedad social que tiende a poner en cabeza de la víctima la duda o culpabilidad acerca de lo ocurrido. ¿Tendrá esto que ser con aquello del “algo habrán hecho” que sirvió de pretexto para no saber, o no querer saber, lo que ocurría en siniestros tiempos en los que el estado se había convertido en dueño de la vida y el destino de los argentinos?.

¿O aquello y esto es un síntoma de una enfermiza forma de ser que ya es intrínseca en cada uno de nosotros desde el comienzo de los tiempos como nación?.

Sea por lo que fuese, tal vez estemos frente a la oportunidad histórica y a la vez fundacional de mirar hacia adentro de esta sociedad que aceptó y acompañó cada uno de los desmanes que jalonaron su historia y, previo un diagnóstico descarnado y sincero, comencemos el lento camino de la sanación sin la que será imposible construir para los tiempos que vienen una comunidad capaz de respetar en profundidad los derechos humanos, cuidar la presunción de inocencia como la joya más preciada de la corona de la civilización y entender que cualquier forma de vida que alguien asuma dentro del marco de la ley no lo convierte en víctima potencial de un abuso ni a su agresor en inocente.

Pero si hay un límite que no debemeos permitirnos cruzar es el de la valoración que en todo sentido tiene la figura legal (y real) del menor. Cuando rige la inimputabilidad cualquier análisis acerca del comportamiento es ociosa. Podremos entonces debatir cual es la responsabilidad de los menores frente al delito, el sistema penal al que debemos someterlos pero, mientras sean menores, todos debemos protegerlos en la esperanza de que sean recuperables para la sociedad. Y si así debe ser con menores victimarios…¿qué decir de quienes son víctimas?.

Ya explosión de las redes sociales como método de participación ciudadano plantean un desafío que podemos sintetizar en una sola pregunta: ¿cuál es el límite?. Año a año el mundo invierte millones de dólares en foros multidisciplinarios tratando de conseguir una respuesta, y hasta ahora ni siquiera ha podido definir cual es el nuevo concepto de la intimidad.

Pero fallos como el de Errandonea nos ponen a resguardo de los excesos y sobre todo del riesgo de sembrar dudas o falsas convicciones sociales que sirvan para exculpar o mejorar la condición procesal de los delincuentes a partir de la presión de esa sociedad que mira a la víctima con aquel siniestro “algo habrá hecho”.

Cuidado…del resultado de este debate depende nada menos que el futuro de todos nosotros. Y los medios de difusión ya deberían haber limitado hace mucho tiempo cual es la raya que no debe traspasarse. Aunque la amobición por el ráting y sus consecuencias en la pauta comercial vayan por ahora ganando por goleada.

Hasta que un juez prudente pone las cosas en el lugar que debería ser simplem3nte el del sentido común.