El verano: «nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio»

Redacción – Las afirmaciones del ministro de Salud de la provincia Daniel Gollán no hacen otra cosa que poner en claro lo que todos sabemos: ¿de qué temporada de verano estamos hablando?.

El ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, habló sobre cómo imagina la temporada de verano 2021 en contexto de pandemia de COVID-19. “Nos plantea el interrogante de que si no hay vacuna disponible para todos qué va a pasar con la temporada de verano”, advirtió.

“Es inimaginable, si no tenemos vacuna, que miles de personas del conurbano y del interior se movilicen a la Costa Atlántica”, subrayó. En este sentido, el funcionario explicó que “vamos a tener que ir pensando día a día, generando estrategias, corrigiendo errores, abriendo y cerrando actividades” porque “es un escenario incierto”. En tanto, anticipó que “habrá que pensar modalidades de turismo local”.

Además, indicó que “gran parte de los contagios del interior, de los focos que se disparan, son amigos que se juntaron a pescar, a hacer un baby shower o un asadito. Y generalmente es alguien que llega del AMBA contagiado y participa de esa reunión social”.

Por último, explicó que para los distritos de la Quinta Sección “lo más importante es mantener la guardia alta, consistente en controlar muy fuerte lo que entra y sale, la gente que va y viene y detectar rápidamente los focos”.

Seguramente estas declaraciones encenderán una luz de alarma en los actores económicos del turismo veraniego en la región, con epicentro en Mar del Plata, pero no hacen otra cosa que disparar la pregunta central de la cuestión: ¿qué alternativa existe?.

Lo dicho por Gollán se sostiene en la lógica más elemental. Permitir el ingreso masivo de personas al distrito sin que se haya encontrado una vacuna o retirado el riesgo de contagio sería un suicidio colectivo.

La experiencia actual muestra las dificultades que existen para convencer a la gente de respetar el distanciamiento mínimo, utilizar el barbijo o tapaboca y no insistir en reuniones sociales a espaldas de la normativa vigente. ¿Es lógico pensar que todo ello lo asumirán como necesario en pleno verano?. La respuesta, por obvia, deviene innecesaria…

La distancia social podría respetarse, por ejemplo, en los balnearios privados en los que existe el espacio entre carpa y carpa para asegurarla. Tal vez una segmentación similar de las playas públicas serviría para acotar los riesgos pero…¿tiene el estado estructura y personal para controlar y asegurar el cumplimiento de una medida semejante?.

Por lo que fuese es claro que nos encontramos, una vez más, en la alternativa que nos pone por delante velar por la salud o salvar una economía que se acerca peligrosamente al estallido. Y la única respuesta ante semejante opción sería una toma de conciencia general que asegurase la continuidad de las actividades con el compromiso de respetar las normas de la nueva normalidad.

Algo que aún no está incorporado a la sociedad y que no se le puede exigir a las autoridades que resuelvan con decretos, ordenanzas o amenazas.

Llega la temporada, la enfermedad parece querer quedarse a disfrutarla…y la razón se enfrenta a la necesidad.

Menudo problema…