El verano que llega y los protocolos que no cierran

Redacción – Una tarde de sol en Mar del Plata sirve más que mil palabras para vislumbrar lo que puede ser una temporada en la que todos hagan como que cumplen y nadie controle lo que pasa.

 

Una tarde de domingo con muy buen clima puso en evidencia la necesidad de la gente de salir a la calle, disfrutar el sol y…dejar para los demás eso del distanciamiento obligatorio, el tapabocas y la mar en coche.

Playas y plazas llenas, paseos abarrotados de gente, grupos de jóvenes disfrutando en bandada sin la mínima pretensión y una postal que es como es y que solo deja margen para una discusión que a esta altura pierde toda razón de ser: ¿el incumplimiento de las normas de distanciamiento se debe a la irresponsabilidad y falta de solidaridad de la gente o a una cuarentena eterna, absurda y cruel que además demostró nula efectividad a la hora de frenar los contagios?.

Todos a la calle a disfrutar como si nada pasara

Y ya poco importa la respuesta y por ello deberíamos concentrarnos en lo que viene, lo que seguramente va a pasar y lo que deberíamos hacer para evitar un rebote que puede ser letal si llega a ocurrir en plena temporada y con la ciudad llena de visitantes.

Aceptemos en primer lugar que las autoridades nacionales y provinciales han perdido toda capacidad de convencimiento sobre la sociedad. Aquellas por la liviandad y soberbia con la que mostraron en los inicios del encierro una autosatisfacción que a poco de andar se demostró sin fundamento alguno y la administración Kicillof porque, por voluntad o torpeza, dio una permanente sensación de medir con varas diferentes las realidades de los distritos gobernados por su misma fuerza política de las que están en manos de la oposición. Y vaya si Mar del Plata y Batán son testigos privilegiados de esa dualidad.

¿Con que autoridad Alberto ordena un nuevo aislamiento si los contagios se disparan o la disciplina social se desborda?, ¿alguien responde hoy a cualquier indicación o decisión en materia sanitaria emane de un gobierno que ha tenido que esconder a sus tan mentados especialistas, mantiene en las sombras al propio ministro de Salud y hasta modificó aquel sistema ostentoso y abierto de comunicación social para transformarlo en una cuestión encriptada, casi sórdida, en la que ni siquiera se notifica la verdadera cantidad de muertos y se los «administra» según el número del día y el animo de la gente?.

El «Puente de los Candados»…no cierra

Los anuncios acerca de la apertura de un centro de diagnóstico en el predio del HIGA son, además de insuficientes, demostrativos de la impotencia de la administración para encarar lo que viene: la falta de profesionales de la salud disponibles hizo imposible la instalación de un nuevo Hospital Modular y en los hechos el distrito se prepara a recibir cerca de un millón de personas durante el verano sin poder aumentar la cantidad de camas disponibles y mucho menos el personal de salud y la tecnología necesarios para afrontar cualquier emergencia.

Y así, entre indisciplina social y falta de respuestas del estado, estamos a menos de un mes del momento en el que la ciudad se encontrará frente a una encrucijada creada por la mala praxis de los gobernantes: trabajar y salvar la ropa de un crac económico producido por siete meses de inactividad forzada o cuidar la salud propia y ajena endureciendo los controles y respetando a rajatabla los protocolos.

Pero sin duda alguna será la gente y no la autoridad la que resuelva, en cada caso, la actitud a tomar.

Y los hechos cotidianos que nos llegan en forma de noticias no son por cierto para abrigar demasiadas esperanzas de prudencia sanitaria. La proliferación de fiestas privadas, las aglomeraciones en bares y cervecerías y estas imágenes de la gente volcada a las playas ante la aparición de las primeras temperaturas agradables son la realidad que nos muestra lo que los comunicados oficiales, los discursos y las imposturas pretenden ocultarnos.

Cuidado con lo que llega…si no logramos un acuerdo entre gobernantes y gobernados para definir en donde estamos parados y resolver que es lo que más conviene al interés común, el verano marplatense puede convertirse en un descontrol que nos pasará factura y agravará las condiciones de un rebrote que es inevitable pero podemos moderar.

Está en nosotros…