EL VOLUNTARISMO COMO ÚNICA ESTRATEGIA

Frente al crecimiento de los contagios el gobierno solo atina a apelar a la buena voluntad de la gente. Algo similar ocurre con la deuda externa: ¿está cerrado el acuerdo con los bonistas?.

 

Para todo aquello que no puede manipular o manejar por decreto el gobierno solo puede echar mano al voluntarismo. Le ocurre con la pandemia cuando, tras cinco meses de un aislamiento obligatorio que la gente terminó llevándose puesto antes que las autoridades determinaran su finalización, hoy encuentra al presidente, a los gobernadores y a los centenares de «expertos» rogando por un compromiso social que, por lo que fuese, lejos parece estar hoy en la voluntad de los ciudadanos.

Y el humor presidencial pretendiendo que la gente no hable más de «una cuarentena que ya no existe por que la gente circula libremente (sic)» poco y nada tiene que ver con la realidad: cada semana las largas exposiciones de datos y filminas, las peroratas inacabables del gobernador bonaerense y los esfuerzos de Horacio Rodríguez Larreta para que los porteños percibiesen que él integraba  «Los Trillizos de Oro» pero cantaba su propia partitura, el gobierno se retiraba convencido de que había impuesto las reglas de juego. Nada más ajeno a la realidad de una ciudadanía que comenzó a salir tibiamente a la calle para, desde principios de julio, fijar sus propias normas y límites.

El anuncio de un acuerdo internacional para que el país participe de la fabricación de la vacuna experimentada por la Universidad de Oxford pareció representar un bálsamo frente al complicado escenario que amanecía en los últimos días. Aunque también en esto surgen incoherencias: mientras Fernández insiste en que para fin de año estaría a disposición del público, la jefa del equipo que trabaja en el desarrollo del medicamento, Sarah Gilbert, acaba de declarar que «hablar de una fecha de salida al mercado es hoy una irresponsabilidad». ¿En qué quedamos?.

Pero este voluntarismo, forzado por la realidad, no estaría aplicado solo a la cuestión sanitaria: en las últimas horas, el anuncio de que el gobierno demoraría por lo menos una semana la formalización de su propuesta a los tenedores de bonos de la deuda para normalizar la situación encendió algunas luces de alarma. ¿Están las cosas tan arregladas como se anunció con bombos y platillos?.

Desde las cercanías de Martín Guzmán se insiste en que solo se trata de una demora en la documentación pero las versiones hablan de una letra chica que abría despertado nuevas desconfianzas mientras en las oficinas de los fondos de inversión dejaron trascender que el propio presidente Donald Trump estaría ahora reticente a apoyar a nuestro país en el canje planteado.

Dos ejemplos en los que el voluntarismo oficial termina corriendo detrás de la realidad y plantea dudas acerca del manejo de la misma que tienen la autoridades. Como ocurriese con Vicentín y ahora pareciera reiterarse con la casi hundida reforma judicial, al menos en los términos que deseaban en la Casa Rosada.

Y hablan del precio que por las incoherencias y fragores internos paga la administración de Alberto Fernández.

Muy lejos de aquel «la única verdad es la realidad» que supo ser apotegma preferido de un peronismo que así explicaba muchas veces los golpes de timón que aplicaba a sus estrategias…