El zorro en el gallinero: gobierno, UIA y CGT juntos contra la inflación

RedacciónLa incapacidad de el estado, la vocación prebendaria de los empresarios y la negación de la nueva realidad social en el mundo se unen para «salvar» a los argentinos. Un mono con navaja.

El modelo corporativo argentino, instaurado a mitad del siglo pasado con la llegada del peronismo en un momento en que el mundo comenzaba a dejarlo atrás pero era aún la tendencia imperante, comenzó a explotar en los 80 cuando las «reaganomics» impulsadas desde los EEUU por la revolución conservadora encabezada por el presidente Ronald Reagan y asumidas con pasión en Europa bajo el liderazgo de Margaret Tatcher le daban una tónica distinta a un nuevo capitalismo que se aposentaba en la pérdida de los valores sociales de aquellos tiempos del siglo anterior y también buscaba demoler el estado de bienestar que en los 60 y 70 habían intentado imponer la socialdemocracia que, también tardíamente, había intentado en nuestro país Raúl Alfonsín con resultados desastrosos.

Y ese correr de atrás a la realidad asume hoy una vigencia difícil de entender pero pone en evidencia la incapacidad y el corto vuelo de la dirigencia encaramada en el poder político, el empresarial y el sindical.

El saber popular se limitaría a recordar aquello de «otra vez la burra al trigo»…

El gobierno, la CGT y la UIA acordaron  institucionalizar una mesa tripartita de trabajo para tomar «medidas y coordinar acciones que permitan enfrentar de manera más efectiva el problema de la inflación, en particular en lo atinente al acceso a los bienes y servicios básicos».

El anuncio se conoció esta noche tras la reunión de la que participaron los ministros de Economía, Trabajo y Desarrollo Productivo, Martín Guzmán, Claudio Moroni y Matías Kulfas.

Además estuvieron el presidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, el secretario de la entidad, Miguel Ángel Rodríguez, y el director Ejecutivo Diego Coatz; mientras que en representación del sector sindical asistieron los secretarios generales de la CGT, Héctor Daer y Carlos Acuña, y el secretario general adjunto de la entidad, Andrés Rodríguez.

Todos actores conocidos, trillados y reiterados del fracaso argentino de las últimas décadas. Solo el poder político, que cambió de nombres pero no de capacidad de fracaso en el mismo lapso, presenta actores «nuevos» que siempre serán, como desde 1983, actores de reparto de una tragedia compartida.

¿Puede salir algo nuevo de miradas viejas y protagonistas vetustos que han demostrado que el único objetivo es salvar la propia ropa?… ciertamente no.

Cuando hace falta debatir medidas tan necesarias como dolorosas -partiendo de la base de que cada sector deberá ceder algo en beneficio del conjunto- es imposible hacerlo con quienes solo esperan que sea el otro el que pierda beneficios.

Porque hasta aquel modelo corporativo, antiguo y fracasado, tenía una característica que hoy ha perdido para siempre: el equilibrio que desde el estado, férreamente manejado por el peronismo, se imponía para que nadie se quedase con ventajas comparativas.

Hoy eso ya no existe. Un estado débil, la mitad de la población expulsada del sistema, la dirigencia desprestigiada a los ojos de la sociedad y una tendencia general al «sálvese quien pueda» generando  reglas de juego en las que la evasión, la fuga de capitales y la economía en negro se imponen como regla de juego general, convierten el anuncio en una ironía trágica de un país de ficción.

«Las partes podrán plantear medidas coyunturales y estructurales para mejorar la situación productiva del país, promoviendo más inversión pública y privada, con más competitividad y exportaciones, así como la generación de trabajo productivo y formal», señala el documento que se conoció tras el encuentro.

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