En el Concejo comienza a destacar el poder de las mujeres

Por Adrián FreijoEn una sesión tensa, en la que por momentos nadie parecía saber para que lado arrancar, la firmeza y capacidad negociadora de algunas concejales marcaron el paso

Había que poner el tema en su propio centro. Y la dura pero fundamentada intervención de Claudia Rodriguez (AM) y la exposición de inusual solidez de Virginia Sívori (UC) -una concejal que demuestra día a día que cuando abre la boca es para expresar temas que ha estudiado, desmenuzado y sobre todo fundamentado- sirvieron para ahorrar camino y saber de que era lo que se estaba hablando.

Había que recordar a todos que aquí no se hablaba de basura sino de seres humanos. Y la llaneza discursiva unida a la larga experiencia recogida en años de trabajo barrial de Mercedes Morro (1País) y su convicción de que su paso por el Concejo deberá estar signado por la cuestión social, se sumó a la solidez doctrinaria y una no menor pasión militante de Marina Santoro (UC) para que no quedasen dudas de hacia donde se debía caminar.

Por el lado del oficialismo, mientras el presidente del bloque de Agrupación Atlántica repartía su tiempo entre consultas telefónicas, constantes traslados hacia sus pares de otras bancas e intervenciones en las que no podía ocultar su convicción de que lo que allí se trataba era por incumplimientos de su gobierno, la voz alzada de Vilma Baragiola (UCR), siempre asistida por la solidez documental de su compañera de bancada Cristina Coria, y sostenida en la experiencia de muchos años de trabajo “en la calle y entre el barro”, esgrimiendo además un proyecto integral de inclusión social para quienes pasan sus días en la infra humanidad del predio de disposición final, disparó un hecho no habitual en el recinto: Morro, Santoro, Claudia Rodriguez pidieron interiorizarse de ese proyecto y hasta en algún caso ofrecieron acompañar a la dirigente radical en el esfuerzo.

Después lo de siempre. Llegó el debate por los insólitos decretos de Sáenz Saralegui y reaparecieron en plenitud las chicanas, las negociaciones “en el balcón”, los cuarto intermedio amañados y por supuesto la salida elegante que permite que algunos festejen una victoria legislativa y otros se agazapen a la espera de revertir esa realidad al influjo de mayorías circunstanciales. Y todo, claro está, motorizado por los protagonistas varones con esa inagotable capacidad para hacer creer que están haciendo algo que salvará la república por toda la eternidad…

Dos caras de un nuevo tiempo en el que la irrupción del sentido común femenino y la capacidad de ellas para distinguir entre lo aleatorio y lo importante, permite soñar con acuerdos indispensables para lograr el que aún hoy es el sentido mismo de la política: mejorar la sociedad.