En la debilidad de Kicillof estará el riesgo para Montenegro

Por Adrián FreijoEl peronismo ganó la provincia pero quedó debilitado en el alcance de su poder real. Resolver esa cuestión puede acarrear problemas al nuevo intendente.

Si se miran los números del escrutinio bonaerense puede concluirse apresuradamente que el Frente de Todos logró un triunfo amplio y apabullante. Los puntos de diferencia entre Axel Kicillof y María Eugenia Vidal hablan de un éxito sin discusión y pueden generar el espejismo de una fuerza arrolladora que se adueñó del poder político y de una mayoría que le permitirá hacer a su antojo en los tiempos que vienen. Nada más lejos de la realidad…

La paridad parlamentaria, en un escenario en el que la oposición obligará a negociar cada una de las leyes que necesita el nuevo gobierno para avanzar en sus planes, es solo uno de los aspectos que abonan un escenario complicado para la administración Kicillof. Pero no es lo único y tal vez tampoco lo más importante para entender el tiempo político que viene.

El peronismo perdió los tres principales centros urbanos del territorio bonaerense -La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca- y también el núcleo duro de la zona productiva provincial. Y sin ellos su capacidad de maniobra queda ciertamente limitada y concentrada en un conurbano pletórico en votos pero necesitado de una asistencia permanente que lo aleje del estallido social que aparece a cada paso. En buen romance, los que producen no le son propios y los que reciben son demasiados y además exigentes.

En aquella Argentina de los golpes militares solía decirse que el general poderoso no era el que ocupaba la presidencia, un ministerio o la condición de jefe del arma. Era el que estaba al frente de un regimiento o batallón, porque «tenía los fierros» que le permitían salir a la calle a imponer su voluntad. Y hoy los fierros no están guardados en la sede del gobierno provincial…

El objetivo estratégico inmediato será entonces recuperar en 2021 esas tres ciudades y para ello es menester que los intendentes de Juntos por el Cambio que van a gobernarlas no luzcan lo suficiente para  convertirse en arietes de la resurrección del macrismo.

Y aún aceptando que no debe estar en el pensamiento de Kicillof la idea de abandonar esos distritos a su suerte -un escenario de conflictos y convulsiones no será útil a su proyecto personal- es esperable que la ayuda llegue con cuentagotas y siempre acompañada de una fuerte campaña de difusión que haga que todos se enteren que las solución llega desde La Plata y no por la buena gestión de los jefes comunales.

Frente a esto los intendentes deberán hacer política, lo que por obvio no siempre resulta sencillo, y armarse de paciencia, inteligencia y capacidad de diálogo. Salir a quemar las naves con prejuicios ideológicos o enfrentamientos estériles será repetir una historia de fracasos que los marplatenses conocemos de memoria: así actuó Carlos Fernando Arroyo y su soberbia lo depositó en un fracaso tan resonante como esperado.

Deberá entonces andar con pié de plomo su sucesor y evitar esa tendencia a la impaciencia y el desborde que lo empujó a salir con fuertes críticas a su antecesor apenas aparecieron los primeros nubarrones en la transición. ¿Hacía falta exponerse a un debate público con un personaje desgastado y repudiado por el 96% de la comunidad?, ¿no había en su equipo alguien para protagonizar ese combate?. La posterior aparición de Alejandro Rabinovich fue efectiva pero tardía; el mensaje del nuevo jefe comunal había sido confrontativo…y eso no es bueno.

Porque seguramente se encontrará en los próximos tiempos con muchas decisiones que le harán hervir la sangre y en las que no deberá esforzarse mucho para ver con claridad la doble intención de quienes vienen por aquella recuperación de la que hablábamos más arriba. ¿Va a reaccionar de la misma forma?, ¿va a jugar su figura en cada cruce?.

Cuidado entonces; las cartas están echadas y la capacidad de maniobrar políticamente será la que ponga a prueba toda la primera etapa de una gestión que estará en la mira de muchos.

Y que se salvará con la objetividad, la inteligencia y con esa mirada clara que debe tener quien quiere hacer política de la buena. Lo que no siempre resulta fácil…