En Mar del Plata el Frente de Todos busca convertirse en facción

Por Adrián FreijoCon los mismos argumentos «iluminados» de los 70, el kirchnerismo elige ser facción antes que movimiento y achica su propio horizonte expulsando cualquier disidencia interna.

Le pasó al trotzkysmo durante la aluvional Revolución Rusa de 1917, le ocurrió a la llamada Tendencia Revolucionaria del peronismo setentista y terminó por reaparecer en el kirchnerismo a partir del momento de la muerte de Néstor Kirchner quien había sabido ver la necesidad de ampliar el panorama y, a partir de la transversalidad, incorporar otras fuerzas, otras caras y otras voces: los «illuminati» de la política sectaria siempre terminan cayendo en la tentación de creer que todas las decisiones deben quedar en pocas manos, que las masas son una masilla maleable a cualquier construcción ideológica y que la verdad es aquella que sus cerebros, pasiones e intereses declara y no la que aparece enfrente de nuestras narices con el solo argumento de abrir los ojos y saber mirarla.

Y siempre estas pretendidas aristocracias intelectuales terminan en la misma y grotesca experiencia que suele unir al fracaso con la violencia, al debate con el silencio impuesto y a la idea con el prejuicio.

La nueva realidad en el peronismo parece anunciar una vuelta de tuerca más en el proyecto de los setenta que terminó en drama y fracaso. Aunque tanto los protagonistas como la realidad misma indiquen que los tiempos actuales no están para el uso irracional de la violencia como acción pretendidamente política, aunque el fantasma de la explosión social pueda amenazar con un escenario tan convulsionado como aquel.

Pero el kirchnerismo avanza sin freno con el mismo criterio sectario que en su momento caracterizó a la izquierda de antaño y con ese desprecio por «lo viejo» que insiste en desconocer trayectorias, capacidad e historias personales. Algo que por estas horas padecen en la ciudad veteranos dirigentes como Daniel Rodriguez, ocasionales aliados como Ariel Ciano o el propio presidente del PJ local Juan Manuel Rapacioli quien supo poner la cara en momentos complicados, intentó abrir el partido a todos los sectores y ni siquiera fue anoticiado de los pasos dados para cambiar la conducción, acortar los mandatos y entregar el sello a Fernanda Raverta y su gente. El alto precio de no pertenecer a la nueva aristocracia kirchnerista…

Y otra vez se arriesga alegremente a dejar fuera de su armado a miles de peronistas que no aceptan estas apariciones estelares en un movimiento acostumbrado a poner el sentimiento y la lealtad por sobre cualquier otra consideración. Ya le pasó a Cristina, lo padeció en su momento Cámpora, lo pagó el país…pero parece que nadie aprendió las lecciones de la historia.

El Frente de Todos local -o tal vez todos los que cobran un sueldo del estado, ya que los firmantes gozan en su totalidad del status de empleados públicos jerarquizados- salió en las últimas horas a apoyar vehementemente a Máximo Kirchner y este armado amañado para dejar la conducción del PJ en manos de La Cámpora. Fue la propia Virginia Sívori, hoy convertida en vértice político del ravertismo en el Concejo, quien se expresó a través de las redes sociales.

 

Al comunicado de apoyo le falta, tal vez, una pata no muy tenida en cuenta por la nueva aristocracia ideológica: el pueblo.

Más bien parece un manifiesto de las jerarquías partidarias que, como bien afirma, busca «consolidar el proceso de unidad logrado en 2019» para luego, desde el cenit del armado político, «ampliarlo para felicidad del pueblo». Que, por supuesto, debe esperar cruzado de brazos que sus dirigentes hagan las cosas bien, no se pelen y acuerden el reparto de cargos y canongías.

Como si la historia reciente no hubiese dejado una clara enseñanza sobre el riesgo de creer que la dirigencia está por arriba de la sociedad. Un viejo error que la mediocridad impide observar en toda su magnitud.

Tanto que hasta hace olvidar aquella definición del propio fundador cuando sostuvo que «un hombre de nuestro Movimiento podrá tener cualquier defecto, pero el más grave de todos será no ser un hombre del pueblo«.

Tan claro…