ENDURECER LA CUARENTENA: SERÁ LO QUE DEBA SER

La preocupación de las autoridades municipales por el crecimiento de los contagios en Mar del Plata disparó el temor a una marcha atrás en la cuarentena. Una hora para no dudar.

En Mar del Plata las cosas se hicieron bien y son muy pocos los que se animan a negarlo. Una sociedad comprometida con el aislamiento obligatorio, y que en una primera etapa cumplió casi religiosamente con las disposiciones oficiales, supo imponerse a un grupo de inadaptados que en ocasiones la pusieron en los titulares de los medios nacionales por excesos cometidos apenas se abrieron un poco las puertas hacia la libertad.

Aquellos episodios de la calle Güemes o la imagen de la costa atiborrada de paseantes, fueron lunares en una cuarentena signada por el buen comportamiento social. Y si en algunos barrios periféricos pudo observarse algún amontonamiento, fueron los propios vecinos quienes desde las redes sociales o comunicándose con los medios locales hicieron las correspondientes denuncias.

Y todo enmarcado en un  fenómeno local: desde el comienzo de la crisis fue notoria la reticencia de las autoridades provinciales a aceptar el protagonismo lugareño y no fueron pocos los palos puestos en la rueda del gobierno comunal a la hora de tomar decisiones, demorar beneficios y aún retacear el envío de ayuda.

La sociedad percibió con claridad lo que ocurría y en la misma medida en la que crecía el apoyo a la figura del intendente comenzaba a percibirse una caída en la imagen del gobernador Kicillof, al que se lo veía enredado, dubitativo y más enfrascado en las cuestiones políticas que en el gerenciamiento de una crisis que no tardó en estallarle delante de sus ojos.

Y justamente la mala gestión de instituciones dependientes de otras jurisdicciones lleva ahora a la ciudad a un punto de inflexión en el que aparece la peor cara de la pandemia y amenaza con poner en riesgo todo lo conseguido. Y ello ocurre en el momento en el que la sociedad comienza a mostrar síntomas de cansancio por el largo encierro y las dificultades económicas toman el centro de la preocupación ciudadana, desplazando de a poco a la cuestión sanitaria que en Mar del Plata, por los buenos resultados, no levantó el vuelo del verdadero miedo.

Y muy posiblemente haya que dar algunos pasos atrás en materia de liberalización de la cuarentena. Y deberán darse…sin dudarlo ni especular con ecuaciones de costo-beneficio que vayan más allá de la cuestión sanitaria.

El intendente debe saber que más del 75% de la población está dispuesta a acompañar las medidas necesarias para dejar atrás el peligro de la pandemia. Aún en medio de dificultades, de estrecheces y de miedos, todos tenemos en claro la prioridad que debe ser asumida y no estamos dispuestos a tirar por la borda lo conseguido.

Seguramente. en el caso de ser necesaria, la decisión será difícil de tomar y ,como siempre ocurre, la voz  de los energúmenos se elevará por encima de las moderadas. Pero ello no tiene que hacer dudar a quien debe tomar decisiones, aunque sería bueno que a la gente se le hable con claridad y se señalen las responsabilidades,si las hubiera, para evitar que quienes gestionaron mal  se conviertan además en apasionados fiscales a la hora de criticar o entorpecer.

Nadie dijo que volver a la normalidad sería una autopista rápida. Tal vez nos encontremos con la necesidad de un desvío o al menos de un descanso a la vera del camino.

Si es para llegar bien a destino…que sea lo que deba ser.