Enfrentamientos, acusaciones y temores por el avance del virus

RedacciónDesde el gobierno nacional se estudia la posibilidad de volver a fases anteriores del aislamiento. En la provincia advierten sobre la situación y en el municipio dudan.

Un devaluado ministro balbucea por estas horas algunas incoherencias acerca de lo que pasó y lo que viene. Ginés González García -que ya consensuó con el presidente su renuncia «por motivos de salud» apenas amaine la crisis- no atina a explicar como este virus que «nunca va  a llegar a la Argentina» y que finalmente «llegó más rápido de lo que esperábamos» parece tomar fuerza día a día y contagia por doquier. Y a lo único que logra concluir es que la culpa la tienen «las juntadas, los asados y las mateadas».

Axel Kicillof camina por la misma cuerda. Mientras recibe presiones del gobierno nacional y de la propia tropa de intendentes para desplazar al arisco Sergio Berni, el gobernador también prefiere poner en la gente, y sus aparentes claudicaciones, la responsabilidad del crecimiento del virus en el distrito. «Ya podremos recuperar nuestras costumbres, pero ojo con el mate y las reuniones con amigos. No se pueden hacer picaditos de fútbol», recordó y reclamó «solidaridad y responsabilidad para evitar que se empiece a contagiar todo el mundo».

Más pragmático y menos afín a las teorías conspirativas el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, dijo esta mañana que «cada día que pasa tenemos más casos y eso tensa y estresa un poco más el sistema de salud», pero aseguró que «la gente está muy saturada y cansada, y hay gente que no puede cumplir de manera estricta la cuarentena» por la pandemia.

Los gobernadores provinciales -especialmente los de aquellas provincias que hoy padecen un alto grado de contagio- exigen a Alberto Fernández medidas más duras y, ante la falta de respuesta, optan por cerrar sus fronteras internas en un retorno impensado a las épocas de las guerras por la organización nacional.

Y los poderosos caciques del conurbano exigen a Kicillof que gestione con Horacio Rodríguez Larreta un endurecimiento de la cuarentena en la CABA, amenazando con clausurar a la fuerza los ingresos a la misma y aislar a los porteños para evitar la circulación del virus. Aunque saben que la multiplicación se da por los vecinos de sus distritos que ingresan a la capital y no al revés…

En General Pueyrredón los números comienzan a preocupar. Pese a un férreo control en los accesos a la ciudad y una rápida respuesta del sistema de salud en los focos de contagio detectados, las autoridades comienzan a ver que todos aparecen nuevos centros de distribución del virus y ya se preguntan cual puede ser el nivel de circulación que hoy existe.

Saben también de la dificultad que presentaría volver atrás en la fase de aislamiento pero son conscientes de que en pocos días deberían tomar esa decisión. «Estamos ante un crecimiento que no esperábamos» dicen cerca del intendente, «y si tenemos que dar marcha atrás no vamos a dudar» aunque esperan que la orden llegue desde provincia o desde nación.

Mientras crece la preocupación por un sistema que comienza a hacer sonar el alerta amarilla, todos se preguntan si el ritmo de contagios podrá al menos administrarse. «Así como viene, en diez días estaremos colapsados en cuanto a la demanda de camas de terapia intensiva» reconocen en la provincia. Y al mismo tiempo aceptan que los buenos números del primer mes de aislamiento atentaron contra la celeridad necesaria para multiplicar la cantidad de unidades. «Se ha hecho bastante…pero se pudo hacer mucho más» reconocen. «Estamos un 30% abajo de lo que esperábamos tener en esta instancia».

Como marco de referencia, en el gobierno nacional comienza a tensarse la cuerda de una interna que también alcanza a la cuestión de la salud. Mientras en Olivos se ha tomado la decisión de «enfriar» la emisión para evitar un estallido de inflación, desde el kirchnerismo duro se presiona para avanzar en la apropiación de empresas –del sector de los servicios públicos y también privado– que aseguren caja para suplantar esa desaceleración. Creen que la única alternativa al desgaste es seguir poniendo un peso en el bolsillo de la gente. Después se verá…

Los resquemores, las acusaciones y la histeria política como telón de fondo comienzan a multiplicarse al mismo ritmo que los contagios. Un escenario que se convierte así en el menos deseado.

Y al que habrá que mirar con atención en las próximas horas…