ENTENDER LA BUENA POLÍTICA

«El arte de lo posible» es una de las más viejas definiciones de la política, aunque muchas veces parezca difícil de entender por los protagonistas. Guillermo Montenegro no es uno de ellos.

La política se define como el arte de lo posible, lo cual significa la capacidad de conseguir llegar más allá de lo posible a través del arte, o el  límite que lo posible impone sobre lo óptimo.

Durante muchos años se atribuía esa frase a Maquiavelo pero la verdad es que no es el único que la pronunció y por lo menos se les atribuye a Winston Churchill, a Bismark y a Aristóteles, siendo este último por su ubicación en el tiempo el que parece haber construido esa definición.

Taal vez entre el pragmatismo amoral del autor de «El Príncipe» y la profunda mirada ética del filósofo griego considerado junto a Platón, el padre de la filosofía occidental se encuentre la síntesis de una actividad que debe tener el bien común como fin y el pragmatismo como vehículo. No en vano el propio Aristóteles acuñó también aquel «la única verdad es la realidad» que los argentinos presuntuosamente adjudicamos a un coterráneo de larga fama.

Sea cual fuese el orígen, el aserto marca el camino de la buena administración.  Aquella que se lleva adelante sin relato, sin voluntarismo y sin ideologismo. La que en definitiva sabe discernir cual es el mejor escenario para buscar las cosas que ayuden a la gente, más allá de cualquier aplauso fácil o justificación épica.

Guillermo Montenegro se ubica en las antípodas del gobernador provincial Axel Kicillof. Esto está tan claro que abundar en el tema sería una subestimación a la inteligencia del lector en la que de ninguna manera vamos a caer.

Y esas diferencias se extienden a la mirada operativa: mientras el jefe comunal parece hacer del diálogo y la apertura la razón de ser de su accionar Kicillof debutó como mandamás provincial repartiendo mandobles a diestra y sinisestra y hasta  intentando, con argucias propias de la peor práctica, imponer de madrugada y sin aviso una ley que pocas horas antes había sido rechazada por los bloques de la oposición.

Sin embargo el jefe comunal viene insistiendo en la necesidad de «ayudar en la gobernabilidad» al hombre con asiento en La Plata y que la administración bonaerense “tenga capacidad de recaudar lo que necesita para gobernar”, teniendo en cuenta que muchas obras para General Pueyrredón dependen de la lapicera que descansa sobre el escritorio del ex ministro de Cristina Fernández de Kirchner.

No son pocos los dirigentes de Juntos por el Cambio a quienes molesta esta actitud proactiva de  Montenegro. Ocurre que la mayoría de ellos no tienen la responsabilidad de gobernar un distrito de la complejidad del nuestro; y hacer política en abstracto es muy distinto a hacerla cuando de las propias decisiones dependen miles de personas necesitadas de la presencia activa del estado para resolver problemas vinculados con su calidad de vida.

«El arte de lo posible» es entonces una prueba de inteligencia, sensibilidad y sabiduría. Valores no siempre presentes en una Argentina cincelada a caprichos, ideologismos y berrinches.

Bien por quien así lo entiende…