ENTRE IGUALES

El Paro de Mujeres que hoy volverá a poner en el centro de la escena la violencia de género debería servir para  plantearnos en que estamos fallando. ¿No será el momento de escucharlas?

Es probable que desde hace mucho tiempo estemos equivocando el camino que nos lleva a ubicar a la mujer en el lugar que le corresponde dentro de la sociedad. Y también es posible que, más allá de las buenas o malas intenciones, ese error sea parte de la enfermedad que padece el conjunto y tiene como síntoma final la violencia de género, el feminicidio y el abuso constante que deben sufrir.

«Concederles» lugares de representación política, «permitirles» competir con el hombre en el empleo, «aceptarlas» como agentes económicos en la vida cotidiana, «coronarlas» con derecho de igualdad frente a la figura jurídica del matrimonio y tantas otras cosas que «hemos sabido darles» a lo largo de las últimas décadas no es otra cosa que una versión edulcorada y encubierta del machismo cultural que atraviesa al mundo desde la organización tribal hasta la fecha.

Y ciertamente una vía hacia el martirio, que suele encontrarlas investidas de tanta concesión pero absolutamente desprotegidas.

Y he aquí el núcleo de la cuestión. ¿No habrá llegado el momento de entender que esa desprotección es la que sufre toda la sociedad por la ausencia del estado, el crecimiento de la violencia y la impotencia de los pacíficos?.

Como le pasa a usted, como me pasa a mi…y como nos pasa a todos más allá de género o posición social, formación cultural o cualquier otra consideración.

Dejemos entonces de «conceder», «permitir», «aceptar» y «acompañar» tantas cosas que las mujeres tienen como derecho propio sin necesidad de que nosotros le demos permiso para ejercerlo. Y entendamos definitivamente que todos estamos en un barco que necesita de cada brazo, sin distinción de género, para remar hacia una costa afable y civilizada.

Porque si no incorporamos la convicción de la igualdad, el futuro nos encontrará poniéndole otra fecha a otro Paro de Mujeres.

Y así para siempre…