Es hora de comenzar a desarmar la mafia del transporte

Por Adrián FreijoLos usuarios padecen, se enojan y proponen. Los políticos amagan y no se animan. Los corruptos, de ambos lados del mostrador, se saben impunes. ¿Se puede hacer algo?; claro que si.

Ayer los empresarios y el sindicato anunciaron que hoy habría transporte. La gente salió a la calle, esperó vanamente en las paradas y tuvo que volverse a su casa, caminar decenas de cuadras y/o perder el día de trabajo.

El intendente habló y fue claro, con esa claridad que a lo largo de los años ha servido de poco: “no pueden tener de rehén a los vecinos. Anoche habían dicho que hoy se levantaba el paro y ahora muchos vecinos salen a tomar el colectivo y no pasan. Necesitamos que se solucione de manera urgente”, sostuvo al tiempo que presentaba, tardíamente, el pedido de conciliación obligatoria.

Todos nos preguntamos…ante un paro ilegal que además viola las cláusulas del pliego de bases y condiciones y suspende un servicio público…¿porqué Montenegro no pidió esta medida en el mismo momento en el que comenzó a desarrollarse la medida?. Tiene que haber una explicación, pero cuesta encontrarla.

Como siempre ocurre aparecen las voces que hablan de caducidad, de un diagrama de emergencia, de poner a los militares a manejar los colectivos, de los transportes escolares y de tantas otras alternativas que la realidad vuelve inviable por los aspectos técnicos y jurídicos que deben ser tenidos en cuenta por un estado que presuma de responsable y apegado a la ley. Un sistema planteado en estos términos representaría una apropiación de las unidades sin el correspondiente mandato de la justicia y un intrincado régimen de seguros para los pasajeros, los choferes y las unidades que no puede resolverse de la noche a la mañana.

Sin embargo ha llegado la hora de tomar el toro por las astas y terminar para siempre con este chantaje, al que ahora se le suma una interna gremial que nos ubica a todos en la categoría de rehenes.

Porque ese diagrama de emergencia, con la inclusión de una línea municipal testigo y con todo el basamento jurídico necesario para ponerse a funcionar es posible y debe ser organizado en forma inmediata de manera tal que esté en condiciones de entrar en funcionamiento apenas se resuelva una nueva medida de fuerza.

Hacerlo no representa un esfuerzo imposible ni mucho menos. Solo habrá que tener en cuenta la seguridad de los vehículos puestos al servicio del sistema -no olvidemos que la sociedad enfrenta una mafia capaz de cualquier violencia para mantener sus privilegios- y comenzar por incluir en el nuevo pliego de bases y condiciones las sanciones inmediatas de caducidad con entrega de unidades hasta el otorgamiento de una nueva concesión y la prohibición de las personas jurídicas o reales de intervenir en cualquier negocio público en el caso de incumplir con las reglas de juego o interrumpir un servicio público.

Más las sanciones civiles y penales que puedan corresponder en cada caso a los responsables de estas medidas que afectan al conjunto de la población.

Es una lucha difícil, complicada…pero no imposible. Sobre todo si quien la encabece sabe comunicar a la sociedad los motivos, caminos y etapas del intento y convocarla a ser, por fin, parte de la solución de un problema que la afecta desde hace décadas.

Algo en el aire nos hace pensar que el momento ha llegado.